Columnista invitado: Federico Mehrbald.

Luego de que el presidente Mauricio Macri firmara en Rusia un Memorándum para explotar uranio en la provincia del Chubut –con una inversión prevista en 250 millones de dólares que solo generaría 500 empleos– la compañía canadiense Ur America difundió que controla 61 cateos y manifestaciones de descubrimiento en unas 255.000 hectáreas a lo largo de la meseta central de Chubut.

Además de ir por Cerro Solo –el depósito de uranio alojado en rocas sedimentarias más grande y de alto grado en Argentina– los canadienses quieren desarrollar un Open Pit (minería a cielo abierto) de la histórica planta los Adobes que fuera inaugurada por Jorge Videla en 1977.

Ambos proyectos son controlados por la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), descontando que el ambiente geológico es “excelente” para descubrir más depósitos de uranio de alto grado.

En 2010 se dio permiso para explotación de uranio en Chubut a United Energy Metals SA, subsidiaria de la empresa inglesa Patagonia Resources Ltd, domiciliada en el paraíso fiscal Islas Vírgenes Británicas. El proyecto se denomina “Mimbres I” y está ubicado en el paraje Cerro Solo, del Departamento Paso de Indios.

El geólogo Ricardo Bagalciaga, actual “consultor independiente”, se desempeñó en el área de minería dentro de Petrominera Chubut S.E. En 2008, Bagalciaga como apoderado de la firma inglesasolicitó la autorización para explotar la mina, convirtiéndose en artífice del ingreso de empresas de capitales foráneos al territorio durante los gobiernos radicales.

 

Ur America, lowcost del uranio

 

Ur America es una compañía canadiense de uranio con proyectos sudamericanos centrados en la producción de bajo costo. Además opera sus propiedades y las de UEM S.A. a través de un acuerdo de exploración y un Joint Venture con Patagonia Resources Ltd., quien adquirió a UEM S.A. en febrero de 2010.

En 1979 Cerro Solo tuvo perforaciones de exploración que seguían en profundidad los niveles mineralizados aflorantes en los Adobes. El lugar se ubica a 70 kilómetros de Paso de Indios y ya para 1997 la consultora Nuclear Assurance Corporation completó los estudios, efectuando un reconocimiento del área del yacimiento y de la posible localización de la infraestructura de un centro de producción de uranio.

De aquella época quedó un pasivo ambiental que está dentro de un programa de remediación de la CNEA. Su presidente Osvaldo Calzetta Larrieu afirmó en entrevista con Radio Libre que “desde 2015 estamos trabajando en Cerro Solo con CNEA y la cantidad justa del pasivo ambiental no la conozco, pero no tiene un pasivo que sea preocupante”. Además,explicó que actualmente trabajan 9 personas.

 

Otra canadiense en Las Plumas

 

La canadiense U308 Corphalló en 2014 halló un depósito de uranio en Laguna Salada,unos 60 kilómetros al sur de Las Plumas. Aseguran que es de fácil extracción por excavación, y el tipo de uranio posee una cotización que ronda los 22 dólares por libra, inferior a los costos directos de uranio de la industria.

La empresa estima que en las áreas que exploran hay al menos un millón de libras de uranio, es decir un mínimo de 22 millones de dólares. A partir de allí se desarrolló un joint venture con la compañía estatal  chubutense Petrominera para la futura extracción conjunta de uranio, aunque la empresa estatal conducida por el sindicalista Jorge “Loma” Avila no ha proporcionado detalles del acuerdo con los avariciosos canadienses.

 

Primera planta de concentración de uranio

 

La CNEA construyó en 1976, al inicio de la oprobiosa dictadura militar, una planta de tratamiento del mineral y producción de concentrado de uranio. Durante la dictadura se explotó el yacimiento Los Adobes, a 40 kilómetros de Paso de Indios. Desde agosto de 1977 se desarrolló la explotación total de las reservas. Luego se cargaría el mineral de otro yacimiento llamado Cerro Cóndor, alcanzando una producción entre ambos de 145.000 toneladas hasta abril de 1981, utilizándose el proceso de lixiviación de mineral en pilas.

El Día publicó la noticia de que el propio general genocida Jorge Videla inauguró la primera planta de concentración de uranio el 5 de agosto de 1977. Los 60 empleados del lugar procesaban el mineral que traían en los camiones cargados desde las minas. Luego se llevaba a cabo el lixiviado y se regaban las pilas de mineral con ácido sulfúrico, que decantaba en plateas especiales que derivaban en diques de evaporación y de colas.

Del total producido entre 1977 y 1983 corresponde el 80% a Los Adobes y el 20% restante a Cerro Cóndor.Aunque la planta cerróen 1981,recién en 1986 se comenzó el desmantelamiento. Según los informes de la CNEA se trataba de un área de 85.000 m2 con acceso restringido y rodeado por un cerco perimetral.

Quedan allí 85.000 toneladas de mineral tratado (colas) acumuladas en las “planchadas” de las antiguas pilas de lixiviación y 60.000 toneladas de colas acumuladas en otro sector acondicionado para tal fin.

 

El paso del tiempo para Cerro Cóndor y los Adobes

 

Los informes elaborados en el marco del Programa de Restitución Ambiental de la Minería de Uranio (PRAMU), indican que enLos Adobes las cisternas de lixiviado y el dique de evaporación de los efluentes líquidos de la planta fueron rellenados con los escombros de las construcciones desmanteladas y recubiertas con ripio. También las superficies de las colas, para evitar la erosión y favorecer el crecimiento de la vegetación.

Mientras, la planta de Cerro Cóndor quedó abandonada luego de su explotación. La misma no ha sido objeto de trabajos de restitución, pero la planta fue desmantelada completamente. El predio está rodeado por una valla de alambre tejido para evitar intrusiones.

Hoy se ven grandes terraplenes y montículos de piedra, un frágil alambrado y unos oxidados carteles advierten que se trata de un depósito de desechos radioactivos. Debajo se encuentran los desechos y restos de uranio.

El ex complejo minero se encuentra a unos escasos mil metros del cauce del río, y a su vez sobre un curso de agua temporario que desemboca en el mismo.

La periodista Silvina Martínez sostuvo que durante un monitoreo ambiental de la CNEA en 2009, se afirmó que existen lecturas de radioactividad en el lugar donde funcionó la planta, “Todas ellas muy por debajo de los límites establecidos por las normas internacionales para radiaciones”.

“Ni en las inmediaciones de la planta ni en las aguas del  río Chubut habría efectos sobre esto que operó hace casi 30 años”, sostuvo el ingeniero químico y ambientalista Ariel Testino, quien se desempeñó como jefe de la planta de concentración de uranio Pichiñán durante casi toda la dictadura, y que hoy se presenta como“especializado en ingeniería y tecnología ambiental”.

 

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *