Ante lo que consideran una «campaña racista de desinformación y tergiversación de la historia«, investigadoras e investigadores de diferentes universidades argentinas y extranjeras y de centros del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) denuncian y repudian una «campaña estigmatizante y racista que se viene produciendo día a día hacia el pueblo originario Mapuche», a través de una declaración fechada el 24 de febrero, a la que convocan a sumar adhesiones con firmas y a la cual se puede acceder por aquí.

«Además de desconocer y vulnerar la legislación existente y los tratados internacionales que reconocen derechos particulares a los pueblos indígenas, estos discursos promueven y replican todo tipo de falacias y tergiversaciones mediante la recuperación de trabajos que carecen de rigurosidad científica, o bien de entrevistas a personas que no son especialistas en el tema. Sugestivamente, los mismos han cobrado mayor difusión por parte de diversos sectores políticos, funcionarios públicos y medios de comunicación en plena campaña electoral, en el contexto de la mesa de diálogo abierta en San Carlos de Bariloche y del relevamiento en cumplimiento de la Ley nacional N° 26.160 de ‘Emergencia territorial indígena’ en la provincia de Mendoza«, remarcan.

Es por eso que consideran que «como especialistas en estas temáticas» se ven en la obligación «de responder a las falacias que buscan generar sentimientos de odio y racismo en vastos sectores de la población«.

En esa línea, en primer lugar señalan: «es incorrecto y sesgado clasificar mediante categorías nacionales a los pueblos originariosdado que dichas categorías niegan su ancestralidad y preexistencia a los Estados. Numerosas investigaciones arqueológicas demuestran la presencia milenaria de pueblos indígenas localizados a ambos lados de la cordillera de los Andes, y evidencian procesos complejos de interacción social de larga data. Asimismo, los estudios histórico-antropológicos han puesto de manifiesto que la cordillera de los Andes se erigió como frontera varias décadas después de la constitución de los Estados nacionales».

«En segundo lugar – agregan – otra de las confusiones ampliamente difundidas consiste en considerar a la identidad mapuche como excluyente desconociendo, de este modo, que diversas parcialidades indígenas (entre las que se incluyen los puelches, los pehuenches, los chiquillanes y los huiliches), así como diversas adscripciones territoriales y parentales, fueron integrándose bajo la denominación mapuche (como una identidad englobante) a lo largo del tiempo, sin que necesariamente se eliminen las otras formas de identificación. Tal como han demostrado investigaciones antropológicas e históricas actualizadas, en el sur de Mendoza coexisten identificaciones mapuches, mapuche pehuenches y pehuenches y, entre ellas, la mapuche es la más generalizada. Las lecturas extremadamente simplistas que se han difundido recientemente conciben a los pueblos originarios y a sus formas organizativas como si fueran entidades estáticas y fijas. Desde la década del sesenta, sin embargo, las investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades han demostrado que las identidades se conforman en términos procesuales y relacionales, es decir, que se definen en la interrelación con ‘otros’. Al desconocer que el pueblo mapuche se ha ido conformando como una identidad abarcativa, que agrupa a las parcialidades arriba mencionadas, dichas lecturas simplistas carecen de validez científica. Precisamente, al ignorar la complejidad de los procesos de gran profundidad temporal, así como las relaciones entre distintos pueblos y parcialidades indígenas, solo consideran la supuesta ‘invasión’ en sentido Oeste-Este como única forma de explicar el cambio cultural».

Los y las académicas también repudian y denuncian «la gravedad de atribuir ciertos rasgos del comportamiento de un pueblo (como la violencia) a factores biológicos o genéticos. Esta aseveración no solo no responde a ningún estándar de rigurosidad científica, sino que, además, tiende a construir diferencias sociales y culturales a partir de supuestas diferencias inmanentes e inmutables. Este tipo de razonamientos pseudocientíficos promueve discursos supremacistas que ya han demostrado su peligrosidad a lo largo de la historia. Tales razonamientos, además, se contraponen al marco jurídico nacional e internacional vigente sobre los derechos de los pueblos originarios (entre cuyas normativas se encuentra el art. 75 inc. 17 de la Constitución Nacional, las Constituciones provinciales, el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, la Declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas y la Declaración Americana de Derechos de los Pueblos Indígenas de la Organización de Estados Americanos)», explican.

Ante esta campaña que se muestar en avance constante, como miembros de la comunidad científica instan «a la opinión pública en general, a los medios masivos de comunicación y a los funcionarios involucrados a abordar la temática con la complejidad y responsabilidad que se merece, acorde con los avances científicos de las últimas décadas». Y expresan:  «reclamamos, asimismo, que los derechos de los pueblos indígenas, que nuestro país ha reconocido y legislado, se hagan efectivos».

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