Lo definió el consejo directivo. La nueva mecánica es realizar medidas de acción directa en diferentes momentos, lugares y ramas sindicales. La idea es que todo desemboque en un paro nacional.


“No, por ahora no habrá ni paro general ni grandes movilizaciones. Lo que se planea es realizar movidas más estratégicas, chicas, ocupar espacios para demostrar que hay un descontento social”, reconoció uno de los hombres de la CGT que fue testigo de la larga y debatida reunión de consejo directivo. Palabras más, palabras menos, el triunviro Jorge Sola lo confirmó cuando dijo, en una conferencia de prensa posterior, que lo que se acordó es “la iniciación de la construcción de un plan de acción conjunto con las otras centrales de trabajadores para ir haciendo acciones”. Para el futuro quedó la convocatoria a una medida de fuerza.

El encuentro fue largo, algo más de cuatro horas de debate donde los sectores más combativos plantearon la necesidad de endurecer la postura frente al gobierno de Javier Milei. Incluso se habló de un paro nacional de 36 horas.

Así, de esta manera se fue desactivando la posición más dura de un sector sindical. La promesa es organizar una serie de protestas sectoriales, que las hay de sobra, con el acompañamiento de la CGT, con mayor desarrollo comunicacional, de manera que se incremente la presión social y política para terminar -en un futuro no muy lejano- en una medida de fuerza o paro nacional. En el horizonte no hay una fecha posible.

En este tiempo, tal como lo dijo Sola, la intención es ir ganando músculo con reuniones de regionales y luego un plenario nacional de secretarios generales para hacer “una revisión de todos los hechos que viene haciendo este gobierno.

De alguna manera, lo que se acordó estaría en línea con lo que planteó unos días antes el titular de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), Juan Carlos Schmid, de realizar una serie de conflictos escalonados que desemboquen en una gran medida de fuerza. Es lo que algunos llamaron un paro a la francesa. Para eso se debe coordinar y definir qué medidas de fuerza se realizan, dónde y cuándo, en qué provincias, qué actividades. Eso, en rigor, exige un aparato y la única capaz es la CGT.

Los triunviros no descartan el camino judicial. En esa línea, insisten en atacar legalmente a una parte de la ley de reforma laboral. Se trata de cuestionar legalmente los artículos que le ponen límites a la ultraactividad, el principio jurídico que permitía la continuidad de los convenios colectivos de trabajo hasta que sean reemplazados por nuevos acuerdos. Eso ya no lo prevé la nueva ley y por eso la CGT les pide a sus gremios que apuren las presentaciones judiciales.

Todo lo que se acordó da cuenta de que entre los principales dirigentes de la central obrera consideran que no están dadas las condiciones políticas, pero sobre todo las sindicales, para tener un paro exitoso. De ahí surge la idea de la táctica del escalonamiento.

La razón que los lleva a esta conclusión es que consideran que los trabajadores, sus afiliados, pero también entre la gente, hay malestar por la situación económica, pero no terminan de considerar que la responsabilidad es del gobierno libertario y, por lo tanto, creen que toda acción directa que puedan llevar adelante se vuelve contraproducente.

Es por eso que algunos dirigentes sindicales consideran que es preciso que se vuelva a la calle, pero de verdad. Y eso se haría con la dirigencia intermedia recorriendo universidades, estaciones de trenes, colectivos para hablar con la gente de a pie “para ir construyendo el paro nacional”.

No olvidan los medios de comunicación y por eso también recomendaron tener mayor presencia mediática, pero no solo a través del triunvirato, sino ampliar las referencias con otros dirigentes que salgan a hablar y explicar lo que sucede con los trabajadores.

Según lo que dijo Sola en la conferencia de prensa posterior a la reunión, esa construcción de la huelga nacional incluirá también “una marcha federal que irá en conjunto con la convocatoria a las regionales y al plenario de secretarios generales que vamos a llevar adelante en reclamo de una revisión de todos los hechos que viene haciendo este gobierno”.

Entre los discursos que se escucharon hubo quejas con el sector político, algo que no es novedoso en el mundo sindical. Cuestionan el uso (y abuso) del músculo gremial por parte de la política para luego abandonarlos, sobre todo cuando llegan al gobierno. En esa línea hubo una propuesta de generar un programa político para ofrecer en las elecciones del año próximo.

Las casi cuatro horas de reunión tuvieron dos momentos por fuera de la tensión del debate interno. El primero fue cuando el titular de la Uocra, Gerardo Martínez, y como secretario de Relaciones Internacionales hizo un largo y pormenorizado relato sobre la participación de la delegación que envió la CGT a la asamblea de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su sede de Suiza.

Para el consejo directivo, ese encuentro fue altamente positivo porque lograron mostrar el retroceso que está provocando el gobierno de Milei en materia de derechos laborales.

El otro momento fue emotivo y sucedió cuando todos se pusieron de pie para hacer un minuto de silencio para homenajear a la presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Taty Almeida, que falleció el pasado 14 de junio.

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