Las lógicas experiencias que viven los seres humanos con respecto a los temblores que se desarrollan en distintos puntos de la Tierra hace palpable su fragilidad ante las fuerzas incontrolables de la naturaleza. En efecto, en solo pocos minutos, los terremotos desatan una energía devastadora que deja atrás un campo de escombros. Pero un sismo pocas veces viene solo: la fricción de las placas tectónicas y la consecuente actividad sísmica a menudo también provocan tsunamis y a veces hasta erupciones de volcanes.

Por estos días distintos especialistas advierten sobre un movimiento sísmico de gran intensidad que podría ocurrir al norte del territorio chileno e incluso podría afectar provincias del norte argentino (Salta y Jujuy). Además muchos países latinoamericanos frecuentemente son sacudidos por terremotos. Las mediciones aseguran que, en las últimas tres semanas, tanto Chile como Nicaragua se vieron afectados por fuertes sismos.

Un grupo de científicos chilenos alertó sobre la posibilidad de un megaterremoto (terremotos cuya magnitud es mayor a 8.5) en el norte de Chile, basándose en la actividad sísmica inusual observada en la zona durante 2024, aunque no brindaron una fecha precisa. Si bien un enjambre sísmico no es en sí mismo una predicción definitiva de un megaterremoto, sí puede ser una señal de alerta que los científicos consideran para evaluar el riesgo de que ocurra un evento de gran magnitud.

La tragedia que origina un terremoto es motivo de permanente estudio por especialistas mundiales, tanto es así que que en la cordillera de los Andes el Instituto Alemán de Investigación de Geociencias (GFZ, por sus siglas en alemán), con sede en Potsdam, ya hace unos años inauguró un observatorio sismológico en Chile, con una red de instituciones científicas europeas y estadounidenses que monitorean la actividad en el país trasandino y en aguas del oceáno Pacífico.

Bernd Schurr, coordinador técnico del IPOC, explicó que en el caso de Chile la placa oceánica de Nazca se hunde debajo de la placa continental sudamericana. En la zona de contacto, existe fricción y una zona de resistencia en la que se acumula energía. Como consecuencia, cuando es vencida la resistencia, la energía desatada provoca terremotos.

Según el experto, cada 100 a 150 años se rompen segmentos tectónicos de varios cientos de kilómetros de largo: “En los últimos cien años, a lo largo de la costa chilena todos los segmentos tectónicos se rompieron como mínimo una vez, dando lugar a fuertes sismos de una magnitud de entre 8 y 9. Eso se dio en toda la costa, excepto en el norte del país, aproximadamente entre la frontera con Perú y la ciudad portuaria de Antofagasta. Allí el último gran sismo tuvo lugar en 1877, hace casi 150 años, por lo que creemos que, en esa región, es muy probable que se origine un fuerte terremoto”.

La investigación diferencia los tipos de sismos que existen en el país, más allá de su magnitud, lugar y profundidad. «La gran diferencia es que los megaterremotos son tan grandes que rompen toda la zona de contacto, en cambio los terremotos de aproximadamente Mw 8.0 rompen solo una parte de dicha zona», explicó el académico Sergio Ruiz.

La reciente investigación «Historical and recent large megathrust earthquakes in Chile» liderada por el académico del Departamento de Geofísica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Sergio Ruiz, publicada en la revista Tectonophysics concluyó, tras una revisión exhaustiva de todos los eventos sísmicos que han afectado a Chile desde comienzos del siglo XX a la fecha, que en Chile hay terremotos y megaterremotos.

«La gran diferencia es que los megaterremotos (como Valdivia 1960 o El Maule 2010) son tan grandes que rompen toda la zona de contacto, en cambio los terremotos de aproximadamente Mw 8.0 (como Iquique 2014, Illapel 2015 o Chiloé 2016) rompen solo una parte de dicha zona, lo que tiene una directa implicancia con la ocurrencia de tsunamis -los cuales se producen cuando un terremoto mueve la interfaz de la placa de Nazca con la placa de Sudamérica-. Además, debemos considerar que estos megaterremotos tienen una gran extensión longitudinal norte-sur, lo cual genera enormes tsunamis regionales», detalló el profesor Ruiz.

Otro de los aspectos que se destacan en la investigación es la frecuencia promedio de ocurrencia de estos megaterremotos, que en todo Chile es de dos por siglo. «Por ejemplo, anteriormente esperábamos que en la zona central de Chile hubiese un terremoto cada 80 años -aproximadamente- pero ahí estábamos mezclando los terremotos junto con estos megaterremotos. Que los terremotos de magnitud promedio 8.0 ocurran en una zona no permite descartar la ocurrencia de terremotos gigantes. Es decir, no se pueden promediar megaterremotos con terremotos», argumentó el investigador.

Si bien -como recalcó el académico- los sismos no se pueden predecir, «llama la atención que en los datos recopilados se señala que en la zona que abarca desde el sur de Antofagasta hasta Taltal no hay en la historia sísmica chilena información de megaterremotos desde el último ocurrido el año 1922. Potencialmente puede ocurrir un terremoto gigante en cualquier lugar de Chile, por ejemplo en la zona centro norte no hay registros históricos y en la zona central de Chile, desde 1730 que no hay ocurrencia de un megaterremoto», agregó Ruiz.

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