Por Maira López

El Inti Raymi se festeja desde el 21 hasta el 24 de junio, y su final coincide con la Fiesta de San Juan, una celebración religiosa que se realiza el 24 de junio. Con la llegada de la colonia, en una práctica repetida, la Iglesia Católica impuso su fiesta cristiana tratando de hacer olvidar la celebración indígena.

Cada 21 de junio se inicia la celebración del Inti Raymi (Fiesta del Sol), en la que se conmemora el retorno del Tayta Inti (Padre Sol), lo que da inicio al un nuevo año andino para los pueblos indígenas. Al tratarse de una tradición incaica, la celebración se mantiene como un rito para muchas comunidades indígenas de legado incaico, algunas de las cuales están asentadas en otras partes del antiguo territorio inca, como en Perú, Ecuador, Bolivia, Argentina, Colombia y Chile.

De esta manera, son cientos los indígenas de diversas naciones que encomiendan su siembra y espíritu al sol, pidiendo abundancia y sanación. Sin embargo, la historia marca que desde la llegada de la colonia a estas tierras, y en lo que se conoce con el nombre de Salta en particular, la Iglesia Católica se encargó de invisibilizar una de las festividades más importantes para las poblaciones indígenas.

Es posible hacer esta afirmación porque el Inti Raymi se festeja desde el 21 hasta el 24 de junio, marcando el inicio del solsticio de invierno en el hemisferio sur. El último día de esta celebración coincide con la Fiesta de San Juan, también llamada víspera de San Juan o Noche de San Juan, que fecha cristiana que recuerda el nacimiento de San Juan Bautista, el 24 de junio.

Para conocer más sobre el año nuevo andino Salta/12 habló con Adelina López, del Pueblo Kolla; Luis Burgos, del Pueblo Diaguita Calchaquí; y Víctor Cruz, del Pueblo Tastil, quienes explicaron los motivos de esta festividad y su importancia para la cosmovisión indígena. También cuestionaron que con el correr de los años esta celebración fue desapareciendo, y en la actualidad, son pocas las comunidades indígenas que realmente lo festejan en la provincia de Salta.

Adelina López dijo que la representanción del Tayta Inti (Padre Sol) es sumamente importante para los pueblos originarios. Si bien Inti es conocido como el dios de los incas, su presencia siempre ha sido importante para el Pueblo Kolla, mucho antes de la llegada del imperio incaico al territorio argentino. «Es una fuente de energía y calor, y (representa) una complementariedad de la tierra para generar vida», dijo la referenta kolla.

A pesar de esta importancia de Inti en el desarrollo de la vida indígena, la llegada de los colonizadores españoles provocó cambios en su cotidianeidad, llevando a que se reemplace la celebración del Inti Raymi por la fiesta católica de San Juan Bautista. Esto provocó que, en la actualidad, sólo en algunas comunidades hagan la vigilia cada 21 de junio, aguardando recibir los primeros rayos del día, y con ello, empezar el nuevo año andino.

Según la cosmovisión kolla, la ceremonia del Inti Raymi es una jornada de reflexión, donde se hacen lecturas y se contemplan los procesos nocturnos que se ven en esas horas. «Es una mirada de producción de cambios climáticos», destacó López, quien vive en la localidad de Iruya. Reiteró que al ser una celebración que se fusionó en gran medida con el catolicismo, son muchas las personas que no están atentas a esos cambios climáticos que pueden verse y analizarse en la noche del 21.

A pesar de la ausencia de celebraciones durante el solsticio de invierno en las comunidades kollas, no se perdió el respeto al Tayta Inti, ya que se lo celebra durante todo el año, y en cada encuentro colectivo que se presente. Es que para la cosmovisión andina, permanentemente se debe destacar la complementariedad, tienen que estar presentes los dos polos: el frío y el calor. 

Por su parte, Luis Burgos también destacó el papel de la evangelización católica al respecto a la celebración del Inti Raymi. Si bien la celebración del Padre Sol no fue masiva en todo el territorio de los Valles Calchaquíes de Salta, recordó que en las comunidades que sí se hacía, la fecha indígena fue relacionándose más con la costumbre religiosa de la Fiesta de San Juan.

Así, recordó que una de las últimas celebraciones que se llevó adelante fue en la comunidad Las Pailas, en 2012, cuando «se hizo una ceremonia linda sobre el Inti Raymi, y donde participaron las comunidades de la zona, y de Jujuy y Bolivia». Burgos, que es un conocido comunicador local de la zona, también dijo que dentro de la Nación Diaguita, no se habla del «Padre Sol», sino, del «Hermano Mayor Sol», a quien se le pide que vuelva, ya que la noche del 21 de junio es la más larga del año, es el tiempo en que el sol más se aleja de la tierra.

Además, aseguró que «el cambio del nuevo ciclo está vinculado al sol porque es el dador de vida». Por eso las personas que se reúnen alrededor del fuego, el elemento que representa a la sabiduría, suelen manifestar promesas. Para ello, se busca un lugar sagrado donde hacer la quema, espacio que también posibilitará hablar y recordar a los mayores de las comunidades.

Burgos recordó que décadas antes, la celebración se daba por separado entre varones y mujeres. Y mientras los hombres se quedaban alrededor del fuego, las mujeres hacían la ceremonia al lado del agua, en respeto a la luna. Todo se producía durante la misma noche, y cuando ya amanecía, «nos juntábamos para recibir los primeros rayos solares». Luego, todos juntos se mojaban, porque el agua era considerada como sanadora. 

Siguen arrancando raíces

Para Adelina López, la invisibilización que se logró de esta festividad andina en Salta, representa «seguir arrancándonos de nuestras raíces y de nuestra forma de cultura». Porque «el sol tiene que ver con nuestra espiritualidad, que nos han sacado, y nos pusieron la religión».

En ese sentido, aseguró que existe una gran diferencia entre religiosidad y espitirualidad. Mientras que la primera, reúne creencias de un dios intangible e invisible, pues «nosotros decimos que es inexistente en el mundo andino»; la espiritualidad es «creer en algo más tangible». «Es algo más palpable y concreto». López sostuvo que la creencia en el sol es porque «tiene energías, nos da calor y es la principal fuente de vida, junto a la tierra, el aire y el agua».

Ante los cuestionamientos a la religión católica, indicó que sería muy loable que el catolicismo empiece a «tomar la importancia de la espiritualidad» indígena, permitiendo que se pueda recuperar esta práctica. La referenta kolla añadió que hay otras religiones dentro de las comunidades a las que directamente no se les puede realizar este planteo. «Son mucho más cerradas, y, por ahí, entendemos que el catolicismo lo puede hacer», indicó.

Mientras que para Burgos, es preciso que se vuelva a recuperar el ritual como parte de un proceso de fortalecimiento de las manifestaciones y creencias indígenas. De esta manera, se «revalorizan los valores» de las naciones originarias presentes en la provincia.

La permanencia

Uno de los pueblos indígenas que año a año sigue llevando adelante la celebración del Inti Raymi es el Pueblo de Tastil. Víctor Cruz, uno de sus representantes, contó a Salta/12 que en la tarde de ayer ya se estaban organizando para la ceremonia que se realizará en la comunidad Los Alisos, a 10 kilómetros del centro de la localidad de Campo Quijano.

Así es que desde la cero hora de hoy, se llevará adelante el fogón que dará paso al «alumbramiento y el acompañamiento al Tayta Inti» con la llegada del nuevo año andino. Pasadas las 6, se espera recibir «todo el calor y toda la fuerza» de los primeros rayos del sol.

Cruz dijo que se trata de un nuevo ciclo de vida, y que pueden verlo reflejado de manera más clara a través de los árboles. «Las hojas se caen, empiezan a tomar una nueva forma de vida, se baja el ciclo de la vida a las raíces y vuelve el renacer con la celebración de la Pachamama, para que en septiembre se empiece a ver el nacimiento de este nuevo ciclo», relató.

Aseguró que lo que se pide es que sea un nuevo año de buena producción animal y vegetal para todas las familias de las comunidades. «Que sea provechosa y que nazcan plantas y animales buenos». Al igual que López y Burgos, Cruz también se refirió a la colonización europea que «no quería que sigamos haciendo estos rituales», imponiendo otras celebraciones.

«Es una invisibilización lo que nos hacían, y nosotros lo aceptábamos, pero ahora la gente entiende qué era lo que querían hacer, y desde las comunidades nos decidimos a continuar con estos rituales», expresó. Y cerró: «Es una ritualidad que se hace todos los años porque fotalece el encuentro entre comunidades».

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