Por Luismi Uharte

Tras casi 2 años y medio de mandato, el gobierno de Milei va perfilándose, cada vez con más claridad, como una experiencia ultra con un proyecto que converge con la agenda de la nueva extrema derecha latinoamericana. En este análisis, vamos a abordar 3 de los ejes que configuran este proyecto: el ultraliberalismo, el autoritarismo y la sumisión geopolítica.

Ultraliberalismo. Si queremos analizar el proyecto de gobierno de Milei el área por antonomasia es la economía, ya que en torno a esta se ha construido una identidad política y es el eje de la mayoría de las medidas aplicadas hasta la fecha. En primer lugar, es pertinente señalar la contradicción entre el discurso y la identidad declarada y el programa económico aplicado, ya que la idea-fuerza del ‘anarco-capitalismo’ se invalida por dos razones: por un lado, por el oxímoron terminológico que pretende conciliar ideologías antagónicas (anarquismo y capitalismo); por otro lado, porque de facto no hay intención de suprimir el Estado, sino más bien de reconfigurarlo para que sea más funcional al nuevo proyecto de las clases dominantes (locales y foráneas).

En realidad, Argentina es ahora un laboratorio de ultra-liberalismo (Goldstein) y el gobierno de Milei, según Hugo Godoy (secretario general de la Central de Trabajadores/as de la Argentina) un profundizador del proyecto neoliberal iniciado en la dictadura. Esto es sumamente relevante, porque como asevera el economista Ricardo Aronskind, hay que hacer una lectura histórica del último medio siglo, ya que en 1976 la dictadura se instaura para destruir el Estado peronista erigido 30 años atrás (regulador, industrialista y soberano) e imponer un nuevo modelo sustentado en la desindustrialización, la primacía del capital financiero, el endeudamiento externo masivo y el debilitamiento del Estado.

Un modelo que se profundiza en su segunda etapa, durante el gobierno de Menem de los años noventa del siglo pasado (privatizaciones masivas y deterioro de los indicadores citados) y que ahora entra en su tercera fase, con otra vuelta de tuerca para incrementar beneficios y poder para la elite. Por eso, Aronskind afirma que Milei es un ejecutor de un programa elaborado por el poder económico.

La continuidad de ese hilo histórico no está reñida con el anclaje como país periférico a una nueva expresión del capitalismo en el siglo XXI (capitalismo de plataformas; capitalismo digital…). El filósofo italo-argentino Rocco Carbone lo concibe como un ‘capitalismo de plataformas’ (Uber, DiDi, Rappi…) donde la explotación se ejerce sin derechos (sin jubilación, sin cobertura de salud, sin licencias…) y la plusvalía extraída es enviada al exterior sin dejar beneficios estructurales en el país. Valeria Di Croce, por su parte, lo cataloga como un ‘capitalismo digital’, en el que se ponen todas las facilidades para el negocio de las grandes transnacionales tecnológicas. A esto hay que agregar una acentuación de tendencias en términos de reprimarización de la economía, extractivismo, apertura indiscriminada y financiarización.

Consecuencias. Los grandes beneficiarios son los especuladores y sectores extractivos, mientras que los principales perjudicados son la industria nacional, la recaudación fiscal, el mercado interno y el trabajo formal. Al cierre de más de 20.000 empresas en poco más de 2 años (un industricidio según Christian Castillo, profesor de la UBA y diputado del Frente de Izquierdas-FITU-), hay que sumar los impactos severos sobre la clase trabajadora: despido de más de 300.000 trabajadores/as, incremento de la informalidad al 55%, caída brutal del salario real y de las jubilaciones y supresión de un buen número de programas sociales (Godoy). Lo único que crece es el cuentapropismo (empleo informal) y el empleo precario (plataformas).

Los impactos se encadenan, provocando nuevos impactos y mayor deterioro social y humano. Victoria Di Massi indica que la fuerte caída del salario ha empujado al pluriempleo (dos o tres trabajos a la vez) y esto a su vez ha provocado un fuerte incremento del estrés y el agotamiento; paralelamente, se está produciendo un endeudamiento masivo de los hogares (créditos usureros, uso de billeteras virtuales…) para intentar sostener un consumo interno que está desplomándose. A esto hay que agregar, el aumento constante de la desigualdad, no solo social sino también territorial (ciudad de Buenos Aires VS interior del país), como subraya Atilio Borón.

La desinversión pública es de tal magnitud que incluso se está generando un deterioro notable en términos medioambientales debido al abandono de saneamientos urbanos, etc., según Sebastián Lacunza.

Autoritarismo. Aunque otras experiencias de extrema derecha del continente se destacan más por su perfil autoritario (Bukele es el ejemplo por antonomasia), el gobierno de Milei está impulsando, cada vez con más fuerza, un proyecto de autoritarismo creciente que entra en contradicción flagrante con su lema y principal grito de guerra ‘¡Viva la libertad, carajo!, por el recorte progresivo de libertades.

Por una parte, el giro autoritario se expresa en su relación con los otros poderes del Estado y con diversos agentes sociales. Destaca especialmente la relación conflictiva con el legislativo, a través de vetos o no aplicación de leyes aprobadas en el Congreso, además de la compra de diputados para lograr el apoyo a proyectos del Ejecutivo o el uso excesivo de la vía del decreto presidencial para puentear al parlamento (Vilma Ibarra).

A esto hay que agregar el clima de violencia discursiva contra la oposición política, instaurando un nuevo régimen de comunicación en el que la agresión verbal y la degradación del oponente es parte de las reglas del juego político. Bajo estas coordenadas el insulto desplaza al argumento. La beligerancia contra algunos medios hay que inscribirla dentro de este nuevo régimen.

Por otra parte, el autoritarismo se plasma en la emergencia, todavía incipiente, de un giro represivo contra las diversas disidencias. El protocolo ‘Bulrrich’, bautizado así en honor a la ministra de seguridad (candidata presidencial del PRO contra Milei en 2023 y ‘paradójicamente’ luego parte de su gabinete), es el símbolo de la nueva legalidad represiva que busca criminalizar la protesta.

Un grupo de jóvenes investigadores vinculados a la Revista Crisis que está haciendo un seguimiento sistemático de la represión policial, asegura que se ha construido un andamiaje legal autoritario para frenar la protesta y disciplinar a la disidencia, a través de diferentes dispositivos: el uso de la figura del terrorismo contra manifestantes con la amenaza de penas de cárcel para muchos años; las detenciones arbitrarias contra personas que no están participando en disturbios para generar miedo; el incremento de la presencia policial en las marchas y el empleo sistemático de armamento represivo; y la celebración pública de la represión contra la disidencia. Esto se complementa con la vigilancia en redes sociales a través del ciberpatrullaje policial.

A su vez, desde el proyecto RADAR (Registro de Ataques de Derechas Argentinas Radicalizadas), denuncian la existencia de ‘milicias digitales’ de extrema derecha, con vínculos con funcionarios y asesores gubernamentales, dedicadas al hostigamiento coordinado, el doxeo (acoso digital) y las amenazas en redes sociales.

Sumisión geopolítica. Otro eje de análisis fundamental del proyecto gubernamental es su política internacional. En este sentido, el gobierno de Milei está mostrando un nivel de sumisión geopolítica absoluta a Washington, superando incluso la infausta época de las “relaciones carnales” con EE.UU. que proclamó Menem en los años noventa. Subordinación inédita, además, a una administración caracterizada por la brutalidad imperial como la de Trump y a un régimen genocida como el sionista (para la posteridad quedará su infame alegato: “me siento orgulloso de ser el presidente más sionista del mundo”).

La relación de sumisión se explicita en la entrega de soberanía y recursos estratégicos a cambio del sostén político y económico yanki. No hay que olvidar que ‘La Libertad Avanza’ salvó in extremis las elecciones legislativas de medio término de fines de 2025, como consecuencia de la injerencia y amenaza de Trump (‘para que los/as argentinos/as votaran correctamente’) y la promesa del departamento del Tesoro de inyectar 20.000 millones de dólares para salvar de la crisis a Milei.

El auxilio imperial le garantizó la victoria electoral, aunque los resultados evidenciaron cierto giro clasista en cuanto al apoyo recibido, ya que de un sustancial respaldo popular logrado en las presidenciales de 2023 pasó a un descenso de este y a un incremento del sufragio con un perfil más tradicional de derecha ( clases medias y medias-altas antiperonistas), puntualiza Christian Castillo.

El modelo económico de Milei es muy frágil porque depende del respaldo financiero externo para garantizar la estabilidad del dólar, por lo que una crisis podría romper el consenso actual, según Aronskind. En consecuencia, parece claro que el futuro de Milei, en gran medida, está condicionado a los vaivenes de la política estadounidense y, por tanto, está atado al propio futuro del inquilino de la Casa Blanca, el ‘agente naranja’.

Luismi Uharte. Grupo de investigación ‘Parte Hartuz’ (Universidad del País Vasco)

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