Cómo cada 28 de julio nuestra provincia se detiene para rendir homenaje a una de las gestas más significativas de su historia: el arribo del velero ¨Mimosa¨ a las costas del Golfo Nuevo, en 1865. Esta fecha marca el inicio de la epopeya Galesa en estas tierras patagónicas.
La fiesta del desembarco: ¨Gwyl y Glaniad¨, recuerda un acontecimiento que no sólo nos habla de la travesía oceánica y de paisajes inhóspitos, sino también y especialmente de valores profundamente humanos. La voluntad de conservar su lengua, la búsqueda de la libertad religiosa, y el deseo de construir una comunidad basada en la educación, el trabajo solidario y la convivencia respetuosa.
Debo aclarar que no es nostalgia lo que me motiva a escribir esta nota, sino que es gratitud. Gratitud firme de esas que no hacen ruido, pero sostienen.
Soy nieto de una segunda generación de Galeses nacidos en la Patagonia, tal vez será por eso que mi apellido no suena a capilla, a poemas, o a coros; pero confieso que cada 28 de julio, siento un impulso apasionado de escribir, aún sin el arte de los ¨bardos¨ Galeses, pero con la profunda convicción, que en estos tiempos, donde se vuelve costumbre el olvido, donde se quiere avanzar barriendo todo lo anterior, esta fecha me recuerda lo que tantas veces me dijeron mis abuelos Galeses:¨hay raíces que no se ven pero que sostienen¨.
Cada 28 de julio mi memoria emotiva me interpela con la suavidad aterciopelada con que me acariciaban las manos de mi abuela. Manos que no necesitaban de palabras, porque en ellas vivía la historia de quienes eligieron vivir lejos de su país para conservar su manera de ser. Manos que sabían de la aridez del valle, de la soledad del viento, y que aún así pensaron en Capillas, Escuelas, Bibliotecas, Asambleas, como forma de estar en el mundo.
Esas manos, que en cada caricia me contaban la epopeya de una vida entregada sin pedir nada. Manos arrugadas de tantas batallas, contra el frío, el cansancio, la escasez; pero en mi memoria las recuerdo tan suaves como el terciopelo, porque esas manos tejían el mundo a ¨crochet¨, amasaban la esperanza, curaban, sin remedios y levantaban imperios invisibles en la humilde cocina de su casa en la chacra.
La gesta de los Galeses en Chubut, no fue heroica en el sentido clásico, no supo de espadas, ni de conquista, pero tuvo eso sí, dignidad, tenacidad y un modo de habitar estas tierras, que nos sigue enseñando
Celebrar esta fecha no es, ni debe serlo, un ritual vacío, sino un recordatorio de qué hubo y hay otras formas de construir identidad, reafirmando un compromiso con los valores que inspiraron aquella travesía, respetando la diversidad, la integridad cultural y reconociendo que las raíces múltiples enriquecen el presente.
Que el ¨GWYL Y GLANIAD¨, siga siendo un faro. No para mirar el pasado con melancolía sino para iluminar lo que somos capaces de seguir siendo
Dydd Gwyl y Glaniad Hapus, Feliz día del Desembarco
