Por: Randy Stagnaro@randystagnaro
El riesgo país de Argentina creció al nivel más elevado de los últimos seis meses (cerró en 655 puntos básicos el viernes último). Dos meses atrás estaba a punto de perforar los 400. Subió más de un 50 por ciento. ¿Qué pasó en el medio?: esa es la pregunta que todos los inversores se hacen.
No se trata sólo de una medición. Es más que eso. Establece una marca, un piso de tasa de interés, que en su nivel actual ata de manos al Ministerio de Economía y hace prohibitiva la emisión de nueva deuda en dólares para reemplazar la que va venciendo. Este escenario pone en entredicho el ya precario programa financiero del gobierno con lo que vuelve a asomar el fantasma de la insolvencia.
Las respuestas de la administración de Javier Milei al aumento de la desconfianza de los inversores fueron variando con el paso del tiempo. La última versión la dio el ministro Luis Caputo desde París, donde estuvo esta semana por la “Argentina week”. El titular del Palacio de Hacienda debió admitir la existencia de “un shock externo bastante brutal”. No mucho tiempo atrás aseguraba que el riesgo país no reflejaba la verdadera situación de la Argentina, que en su visión era mucho mejor que la expresada por ese indicador. También aceptó que “el riesgo electoral tuvo su impacto”, lo que abre la puerta a un interrogante: ¿por qué, si Caputo asegura que las elecciones de 2027 van a ser “un paseo” para el oficialismo, sigue habiendo dudas entre los inversores y financistas?
Ante estas admisiones, el argumento de la “bazuca de dólares” para desalentar una corrida al dólar sonó a poco creíble por su contenido. En algunos lugares hasta se cree que tuvo un efecto boomerang ya que puso de relieve que la Casa Rosada carece de los dólares para enfrentar el muro de vencimientos.

Donde estamos
Como se sabe, el riesgo país es un cálculo que estima cuánto más de interés está pagando la deuda de un país en comparación con la de Estados Unidos. La medición se hace en base a la evolución del precio de mercado de los bonos soberanos de cada país. Si los bonos se venden más de lo que se compran, su precio cae y sube su tasa de interés. Y viceversa.
Es decir, entre agosto y septiembre los dueños de los bonos argentinos en dólares decidieron vender en masa, al punto que estos títulos perdieron un 6% de su valor promedio en el trimestre julio-septiembre, el peor desempeño entre los bonos de países similares a la Argentina (“emergentes”) según la estadística que publica la agencia Bloomberg.
Hay una cantidad de factores que explican este comportamiento de los inversores y especuladores. Pero de todos ellos hay dos que sobresalen: la suba de la tasa de interés en Estados Unidos y la crisis de gobernabilidad que se vislumbra con cada vez más fuerza en la Argentina.
Por debajo de ambos aparecen con distinta valoración la caída en la compra de reservas por parte del Banco Central, los datos de la marcha de la actividad, que marcan la entrada en una recesión, la recaudación en caída y un mercado laboral débil, entre otros.

La tasa de interés o rendimiento de los bonos a 10 años emitidos por el gobierno de Estados Unidos subió mucho. A principios de julio estaba en 4,48% anual y cerró esta semana en 5,28% tras tocar 5,34% el jueves 1, el nivel más alto desde el año 2002.
Al igual que con los bonos argentinos, los inversores están vendiendo en masa sus títulos estadounidenses, aunque por una causa distinta: su renta estaba por debajo de la inflación, que se ha estacionado en torno del 3,5% anual en los últimos tres meses tras el pico de mayo pasado del 4,25% anual. Y la inflación sube por el alza de los precios de los combustibles, impulsados, a su vez, por la suba del precio del petróleo, cuyo valor fue catapultado por la guerra que el presidente de EE UU, Donald Trump, desencadenó sobre Irán y cuyo fin aún no se vislumbra. El barril de petróleo cerró la semana a U$S 113,49 ante la certeza de los inversores de que se viene un nuevo round bélico y que esta vez sí puede haber destrucción de infraestructura vital para el suministro de petróleo. Algunos creen ver en ello la urgencia de Trump de lograr un golpe de efecto antes de las elecciones de medio término, pautadas para el 3 de noviembre.

Bazuca descargada
El alza del riesgo país tiene consecuencias importantes sobre el Programa Financiero que el ministro Caputo presentó el 6 de julio, acompañado por su vice, José Luis Daza, y el secretario de Finanzas, Federico Furiase. En ese momento, el riesgo país estaba en 415 puntos básicos, un mínimo desde 2018.
En ese contexto, el equipo económico sumó fuentes de financiamiento con el espíritu de un matemático que lanza axiomas. Por ejemplo, aseguró que este año quedará un saldo positivo en dólares de U$S 3700 millones que pasará al 2027. Pero para que eso suceda, el Palacio de Hacienda debería lograr colocar deuda local por U$S 2000 millones (adicionales a los U$S 4000 millones que ya había emitido). Sin embargo, la realidad es otra: como subió el riesgo país, Economía dejó de emitir deuda en dólares para inversores locales. Si eso sigue, no habrá nuevas emisiones. Y para el año que viene, el plan era sumar U$S 5000 millones más por medio de estos títulos. Algo que ahora está en duda.
Por otro lado, el programa prevé que el Tesoro le compre al Banco Central U$S 4900 millones a lo largo del año que viene, algo que también tiene un gran signo de interrogación encima dado el temor del BCRA de seguir con la adquisición de reservas por su impacto en el mercado cambiario, de un lado, y en el régimen monetario, del otro.
En ese cuadro, la “bazuca de dólares” que expresaron tanto Milei como Caputo sonó a un arma descargada. La consultora EcoGo, que dirige Marina Dal Poggetto, dijo que la cuenta de U$S 75.000 millones disponibles “sobreestima la capacidad de fuego real”, que calculó en U$S2 5.000 millones “sin la línea de liquidez con USA”, y en U$S 45.000 millones si esta estuviera disponible. Agregó que “el sólo anuncio de que el Gobierno está dispuesto a poner toda la artillería sobre la mesa para defender el esquema cambiario en un juego a todo o nada acelera la venta de activos frente a la incertidumbre electoral”.
El dólar y el riesgo país
El economista Juan Pablo Costa, del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) observó que se trata de “una cuenta que es absolutamente discrecional”. Además, indicó que “el gobierno hace una estimación conservadora del potencial dolarizador del ahorrista y los inversores”. Costa recordó que los funcionarios aseguran que la dolarización ya se efectuó y que a lo sumo en el futuro se pueden dolarizar algunos flujos, “estiman un potencial de dolarización no tan alto. Me parece un cálculo conservador porque en realidad lo que están olvidando es que uno se puede apalancar o tomar deuda para dolarizarse”.
Costa apuntó que el gobierno nacional no solo enfrenta la necesidad de dólares para mantener calmo el mercado cambiario y llegar a las elecciones con cierta tranquilidad, «sino que tiene que hacer pagos: hay que ver si los inversores quieren renovar deuda o si aceptan nuevas colocaciones», advirtió.
Fuente: Tiempo Argentino
