Por Vladimir Castillo

El Fondo Monetario Internacional (FMI) junto con el Banco Mundial (BM) fueron creados en la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas y Asociadas, celebrada en Bretton Woods, New Hampshire, EE.UU., del 1 al 22 de julio de 1944, previo a la firma de la Carta de las Naciones Unidas en junio de 1945. Realmente la Conferencia se utilizó para aprobar la creación de estos organismos según la propuesta interesada de EE.UU., con la complicidad del Reino Unido. La Unión Soviética se retiró de la Conferencia molesta por las imposiciones unilaterales norteamericanas.

La forma en que estos instrumentos de presentaron, evidenciaba que serían las herramientas financieras del imperialismo, las cuales utilizaría para imponer su hegemonía y mantener a los países miembros controlados, sojuzgados y explotados, a través de las deudas contraídas con estos organismos y otras corporaciones financieras principalmente estadounidenses. La imposición del dólar como moneda fundamental para el intercambio comercial internacional y el distorsionado peso de EE.UU. en la toma de decisiones le abriría el camino para consolidarse como el jefe del mundo liberal conformado en occidente al término de la II Guerra Mundial, ampliado sustancialmente tras la traición a la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría.

La posición monopólica de EE.UU. en el ámbito financiero mundial conlleva una exacerbación brutal de la concentración de las “ganancias” en este injusto sistema, sobre todo después de que Nixon eliminara el respaldo en oro del dólar, permitiéndoles imprimir billetes sin límite para su beneficio particular. El FMI en lugar de controlar estos desmanes, los apoyó y estimuló. En cambio usó sus controles y capacidades financieras para presionar y sojuzgar a países soberanos con problemas económicos. A cambio de créditos con intereses leoninos y variables, las estructuras del FMI imponen sus recetas y controles a los países que recurren a él en busca de “ayuda”: les obliga a privatizar las principales empresas productivas y de servicios, exige implementar nuevos impuestos o aumentar los existentes, ordena congelar salarios, liberar precios y controles, eliminar los “gastos” sociales, entregar la gestión de puertos y aduanas, depositar en sus bancos las reservas internacionales (en primer lugar el oro), tal cual los imperios colonialistas europeos del siglo XIX.

Siempre hay poco dinero para los países pobres, entre más necesitado menos habrá para auxiliarle, pero para Ucrania si hay. Están planteando en el FMI la posibilidad de financiar con créditos blandos y de manera expedita a Ucrania, pasando por encima de todas las normas establecidas en cuanto a capacidad de endeudamiento, formas de pago, tipos de interés, garantías y sobre todo los niveles de corrupción comprobados en que está sumido el país. Como contraparte, para la recuperación de países agredidos por el imperialismo, como Siria, Venezuela, Nicaragua, Irán no hay recursos, de hecho se suma el organismo, como herramienta del imperio, a imponer más medidas coercitivas unilaterales ilegales, a secuestrar activos y a impedir el libre comercio de estos países. Las naciones soberanas del mundo deben batallar a lo interno de la institución para impedir que el FMI continúe con tales exabruptos.

EE.UU. no puede seguir manejando el FMI como una entidad privada, dirigida y controlada por técnicos a su servicio, cuyo objetivo es manipular la economía de los países prestatarios, con el fin de beneficiar a sus corporaciones y las de sus amigos, dejando a los países endeudados, sin soberanía y dependientes del imperialismo. EL FMI es un organismo multilateral que debe cambiar drásticamente lo antes posible o enfrentarse a “su demolición”, como dijera Fidel Castro, y ser sustituido por un sistema financiero justo y beneficioso para los que lo necesitan. Cada vez son más los países que abogan por un cambio de fondo en el FMI, el BM y la Organización Mundial del Comercio (OMC), el cual tenga como objetivo real, verdadero, transparente y verificable ayudar, de la mejor manera posible, a quienes lo ameritan, deberán ser instituciones prestas a responder a los intereses y necesidades de los pueblos del mundo y no del capital transnacional.

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