Por Julia Soul

Los trabajadores del gigante tecnológico Apple en Estados Unidos han iniciado desde abril procesos de sindicalización en tiendas de Maryland, Nueva York y Atlanta. La normativa laboral de ese país establece que son los trabajadores de cada establecimiento individual los que deben votar si se sindicalizan o no.

En la última semana, quienes trabajan en la tienda de Maryland se convirtieron en los primeros en realizar la votación, con un resultado rotundo a favor de la sindicalización: 65 a 33. Entre tanto, los trabajadores en Atlanta solicitaron la postergación de la elección, denunciando prácticas antisindicales ante la Comisión Nacional de Relaciones Laborales – el organismo federal que organiza, monitorea y regula los procesos de sindicalización, entre otros aspectos de las Relaciones Laborales.

Una percepción que atraviesa a expertos en recursos humanos y organizadores sindicales por igual, indica que la actual oleada de sindicalización responde al ambiente opresivo y autoritario que reina en estas compañías, donde los trabajadores tienen muy pocas posibilidades de resolver incluso contratiempos menores en sus locales de trabajo.

 Además, los derechos laborales– anunciados como “beneficios” por los cuadros empresarios – alcanzan a fracciones minoritarias de trabajadores y, en un contexto inflacionario, los contratos de medio tiempo y otras jornadas reducidas atentan gravemente contra las condiciones laborales. Es así que la oleada de organización sindical emergen de la resistencia y el cuestionamiento a estas duras condiciones de trabajo. La importancia de este proceso es central ya que, como sostiene Kim Moody, las condiciones contra las que los trabajadores se organizan son las que sostienen la dinámica de producción y distribución “Justo a Tiempo” durante las últimas décadas

La experiencia de la pandemia es clave para explicar el descontento obrero y los distintos fenómenos que motorizan la lucha de clases. Al fenómeno de la “gran renuncia” se suma la intensa oleada de sindicalización en corporaciones tradicional y orgullosamente hostiles hacia las organizaciones gremiales. Es que, como consigna Kevin Gallagher, trabajador de Apple entrevistado por el Washington Post“(…) la pandemia hizo que la gente que trabajó en la primera línea tomara conciencia del valor de su trabajo”.

El proceso de sindicalización resulta complejo y multidimensional. A una generación de jóvenes activistas, que expresa a colectivos históricamente subalternizados como migrantes o disidencias que avanzan en formar sindicatos independientes como Amazon Labor Union o Starbucks Workers United, se suman en diversos roles organizadores y cuadros provenientes de las organizaciones sindicales tradicionales – como el International Association of Machinists and Aerospace Workers (IAM) que apoya a los trabajadores de Apple, o el Retail, Wholesale and Department Store Union (RWDSU) que organiza a los trabajadores de Amazon en Bessemer. El último fin de semana,  la conferencia anual de Labor Notes reunió a más de 4000 activistas y dirigentes sindicales de base, como expresión de la importante magnitud del movimiento que se está gestando en la clase trabajadora en Estados Unidos. Se trata de un proceso alentador, que supone la movilización y sindicalización en sectores que se apuntaban como los líderes del “capitalismo digital”. Una vez, la lucha de clases pone en evidencia su propia vulnerabilidad, está en manos de los trabajadores poder construir el poder para transformar sus propias condiciones de trabajo y de vida.

Fuente: ANRed

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