Boaventura de Sousa Santos (Coimbra, 1940) es doctor en Sociología por la Universidad de Yale (Connecticut) y profesor en la Universidad de Coimbra (Portugal). Forma parte del elenco de intelectuales europeos con más prestigio en la izquierda y ha publicado libros como Derechos humanos, democracia y desarrollo (Bogotá, 2013) y ha sido participante asiduo a numerosos encuentros y foros internacionales como el Foro Social Mundial. Ahora, un grupo de estudiantes portuguesas le han acusado de agresión sexual, a las que se han unido con su testimonio la diputada brasileña Bella Gonçalves o la reconocida activista, escritora, y guionista mapuche Moira Millán.

Esta entrevista fue realizada la noche del viernes 14 de abril, un día antes de que el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso) anunciara en sus redes sociales que suspendía todas las actividades del sociólogo en esta entidad, que figura entre las más prestigiosas del continente, “mientras se desarrollan las investigaciones en curso”. Este 15 de abril el Centro de Estudios Sociales de la Universidad lusa de Coimbra se sumaba y suspendía temporalmente todas las funciones académicas del sociólogo.

Moira, ¿cómo sucedieron los hechos con Boaventura?

En el 2010 viajé a Portugal invitada por un colectivo de argentinos residentes en Lisboa para un conversatorio en la Universidad Lusófona y aviso a Boaventura porque nos conocíamos del Foro Mundial de Brasil, en donde todo fue agradable, respetuoso, mientras intercambiamos perspectivas políticas. Él me contestó inmediatamente para invitarme a Coimbra y dar una conferencia a sus estudiantes. Acepté y aunque en ningún momento me ofreció remuneración, le exigí que me pagara los gastos porque mi situación económica era muy precaria y Boaventura aceptó pagarme el billete, el alojamiento y las dietas. Llegué a Coimbra y di la conferencia. Al terminar, era bastante tarde y su asistente me dijo que tenía que ir a cenar a un determinado lugar. Pensé que iba a ir todo el equipo, pero al llegar, comprobé que él estaba solo. El lugar que eligió era un restaurante de su familia e hizo abrirlo para que cenáramos los dos solos. Comenzó a beber mucho y a decir cosas desubicadas para “coquetear”.

“¡No! Me enfadé, me quedé quieta, pero él volvió a lanzarse sobre mí y ahí yo, muy enfadada le empujé con más fuerza: tuve claro de que no me iba a dejar violar aunque fuera Boaventura

Durante todo el tiempo puse límites y cuando terminamos de cenar, me dijo que quería regalarme unos libros y le pedí que me los diera al día siguiente. Él me dijo que no y que su casa estaba muy cerca. Accedí. No recuerdo en qué piso vivía, pero sí que había que pasar por un sistema de seguridad para entrar en el edificio. Entramos en el apartamento, se puso cómodo y comenzó a beber whisky. Me quise ir, pero me pidió que me sentara. Lo hice, pero frente a él. Al hacerlo, él se abalanza sobre mí y comenzó a manosearme, a querer besarme y yo le empujé e indignada le dije “¡No! Me enfadé, me quedé quieta, pero él volvió a lanzarse sobre mí y ahí yo, muy enfadada le empujé con más fuerza: tuve claro de que no me iba a dejar violar aunque fuera Boaventura.

Él se dio cuenta de que no iba a poder consumar ninguna violación porque yo no se lo iba a permitir, pero al mismo tiempo, me sentía secuestrada: no sabía cómo salir del edificio, no sabía a qué distancia estaba del hotel o si estaba lejos, no tenía dinero para pagar un taxi. Tampoco tenía mi billete de regreso a Lisboa. Realmente estaba en sus manos y esa sensación me produjo miedo e ira. Traté de calmarme y le hice reflexionar, entonces él se tranquilizó.

¿Qué le dijiste para que se tranquilizara?

Le pregunté si él se comportaba de esa manera con todas las académicas blancas o que si esto solo lo había hecho conmigo, porque no era académica y era indígena. Nosotros habíamos hablado mucho de Blanca Chancoso y le dije: “¿También le hiciste esto a Blanca Chancoso?”

¿Y qué te contestó?

Que no, que por supuesto que no. Entonces le respondí: “¿Por qué a mí sí? ¿Por que soy pobre?” Entonces me puse a llorar aunque nunca lloro porque soy implacable. Soy de las que siempre digo que al enemigo ni una lágrima. Al momento, él me pidió perdón y me fui del apartamento.

Le pregunté si él se comportaba de esa manera con todas las académicas blancas o que si esto solo lo había hecho conmigo, porque no era académica y era indígena

Soy una mujer que sé defenderme porque me enfrento a la Gendarmería argentina y él era un hombre mayor, todo esto podía haber acabado en tragedia porque le podría haber matado y hoy estaría en prisión.

¿Cómo conseguiste el billete de regreso?

Al día siguiente voy a pedírselo a su secretaria, pero me dice que lo tiene él y que me espera en un restaurante. Al oír eso me enfadé muchísimo: era como seguir en la humillación y en sus manos, como un niño caprichoso que como no me había podido tener el día anterior quería tenerme al día siguiente. Su asistente lo pasó mal y ella no tenía la culpa así que fui para encararme con él. Y ahí estaba esperándome con un ramo de flores, suplicándome y rogándome que le perdonara, pero yo cogí mi billete y me fui.

Cuando llegas a Lisboa ¿le comentas a alguien lo que ha pasado en Coimbra?

Sí y me dijeron que no me metiera con él, que este hecho lo iba a instrumentalizar la derecha porque él era el gurú de la izquierda en un momento muy delicado en Portugal. Pero, ¿un violador de izquierdas comete menos daño que si es un violador de derechas?

Al cabo de los días y ante esas respuestas, ¿cómo ibas digiriendo lo que te había ocurrido?

Pensé: tengo cuarenta años, ¿qué me va a pasar que no me haya pasado ya? ¿Cómo este tipo me va a hacer algo a mí? Grave error. A partir de ese episodio, siempre que viajo pido que venga un acompañante para poder tener testigos porque los únicos que tengo en este suceso son los estudiantes a los que di la conferencia y su secretaria, pero no hay ninguno en el restaurante ni en el apartamento. Ahí me di cuenta que no fue espontáneo, que actuó como un criminal que prepara su estrategia.

En Coimbra me dijeron que no me metiera con él, que este hecho lo iba a instrumentalizar la derecha. Pero, ¿un violador de izquierdas comete menos daño que si es un violador de derechas?

Desde entonces, ¿Boaventura se ha puesto en contacto contigo?

No, él me tiene terror, sabe lo que hizo. Y yo se lo he dicho a bastante gente de la Academia porque hemos coincidido en conferencias internacionales en donde también le invitan, entonces, y cuando han querido ponerme en la misma mesa, me he negado y si insistían, amenazaba con denunciarle públicamente por abusador. Por ejemplo, Clacso lo ha sabido siempre porque yo se lo dije, por eso le convierte en absolutamente cómplice.

Y en estos días, ¿se ha puesto en contacto contigo alguna persona de Clacso?

Me han llamado a título individual y me han comentado que, por ahora, no se va a ir en contra de él. Creo que lo que está faltando aquí es un posicionamiento político categórico: la izquierda tendría una posibilidad de depurarse, de redimirse fijando una posición de condena hacia estos hechos tan violentos. En cambio me están amenazando por redes y a mí me da igual porque no van a venir a La Patagonia, pero las jóvenes portuguesas que le están denunciando, ¿qué seguridad y apoyo están teniendo? No puedo entender cómo se han permitido estas prácticas dentro de la Academia, sobre todo, no entiendo a las mujeres que han sido cómplices de estas situaciones.

No puedo entender cómo se han permitido estas prácticas dentro de la Academia, sobre todo, no entiendo a las mujeres que han sido cómplices de estas situaciones

¿Has recibido apoyos desde que saltó la noticia de este suceso?

Me han llamado algunos académicos portugueses para pedirme disculpas por la actitud de Boaventura. En Argentina, en general, tanto la Academia como muchas feministas argentinas han mirado para otro lado, de hecho, una académica me dijo que él hizo lo mismo en África. Y pienso, si a mí que soy mapuche, escritora y activista con cierto reconocimiento y con todas las herramientas para poder denunciar no me han brindado solidaridad, ¿qué actitud van a tener con las hermanas africanas que han sido víctimas de este señor?

¿Has podido hablar con alguna de ellas o con otras que hayan sufrido abusos por parte de Boaventura?

No, ni siquiera conozco a las estudiantes que le han denunciado, pero reacciono y aporto mi testimonio cuando le escucho negarlo y descalificarlas.

Algunas personas me están pidiendo los mails que intercambié con Boaventura, pero soy una persona muy perseguida en mi país y tengo que cambiar de móvil y de email todo el tiempo porque me lo hackearon. Además, ¿qué correos electrónicos puedo conservar del 2010 si ya cambié tres veces de correo electrónico?

Si a mí que soy escritora y activista con cierto reconocimiento no me han brindado solidaridad, ¿qué actitud van a tener con las hermanas africanas que han sido víctimas de este señor?

¿Vas a presentar una denuncia en el juzgado?

Sí, pero tengo que ir a Coimbra porque los hechos sucedieron allí, el hándicap, por ahora, es que estoy en La Patagonia, pero entre agosto y septiembre debo viajar a Europa por un guion que estoy escribiendo y podré formalizarla. Sería una vuelta a Portugal porque desde entonces, y aunque me han invitado, no me he atrevido a ir. Ahora sí que tengo que regresar a denunciar a ese hombre blanco, académico y presumiblemente de izquierdas que hablaba del sur y de la colonialidad.

Aunque hace un año y medio denunciaste a Boaventura mientras dabas una conferencia organizada, precisamente por Clacso, en México, supongo que lo que está ocurriendo te ha vuelto a remover emocionalmente.

Me ha removido mucho dolor, impotencia y rabia. Dicen que el tiempo cura todas las heridas, pero realmente es mentira: si no hay justicia, no hay cura. Supura dentro del alma porque vuelves a revivirlo todo. Me preguntaban qué entendía por justicia y en este caso sé que él, por su edad, no va a ir a la cárcel, pero espero que le expulsen de la Academia y que le aparten de los lugares estratégicos donde él sigue realizando este sometimiento, esta humillación y esta violencia hacia las mujeres para que puedan ir a la universidad sin un acosador definiendo el destino de sus carreras. Para mí, eso ya es justicia.

Dicen que el tiempo cura todas las heridas, pero realmente es mentira: si no hay justicia, no hay cura. Supura dentro del alma porque vuelves a revivirlo todo

¿Y qué conclusiones estás sacando de esta noria emocional?

Pues la falta de autoestima que tuve en ese momento y de la que siguen careciendo muchísimas mujeres indígenas porque llegamos a normalizar que nos pueden pasar estas cosas porque, como no les importamos a nadie, somos violables y asesinables. Y estamos cansadas. Eso ocurrió en 2010 y estaba sola, no pertenecía a ningún espacio colectivo indígena, ni en ningún espacio feminista. Hoy no me callaría porque pertenezco al movimiento por el buen vivir y me siento amorosamente acompañada. Las que pertenecemos a estos colectivos nos sentimos fuertes para enfrentarnos a nuestro mundo mapuche que es machista y en donde también hay abusadores y maltratadores. Ya no quiero abrazar ningún dogma, ninguna bandera nacionalista que permita el maltrato y las opresiones, el mal vivir.

Fuente: El Salto

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *