Por Valeria Foglia

Imaginen si, en lugar de molerse a piñas, Godzilla y King Kong colaboraran para destruir el mundo. En el elenco de los gases de efecto invernadero (GEI) esos papeles los podrían representar el dióxido de carbono (CO2) y el metano (CH4), responsables químicos de la mayor parte del calentamiento global desde la Revolución Industrial. En lugar de un combate mano a mano, estos “monstruos tóxicos” se dividen tareas: el CO2, figura estelar, es el más abundante y duradero en la atmósfera, pero el CH4 es treinta veces más potente para retener el calor. Aunque el CO2 acaparó la atención de Gobiernos y medios de comunicación, es muy probable que en los próximos años escuchen mucho más sobre la ascendente figura del CH4. Es que, aunque mantuvo un perfil bajo durante mucho tiempo, según el reciente Índice Anual de Gases de Efecto Invernadero (AGGI) publicado por la NOAA, la carga atmosférica del metano aumentó “más rápidamente en los últimos dos años que en cualquier otro punto del registro de mediciones en curso, que comenzó en 1983”.

De acuerdo al AGGI, de conjunto los GEI atraparon un 49 % más de calor en 2021 que en 1990, año del primer reporte del Grupo Internacional de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC). Aunque su contribución al calentamiento global lo ubica segundo cómodo detrás del dióxido de carbono, el metano genera preocupación entre los científicos. Por su potencial de calentamiento, puede causar un efecto invernadero enorme aun en pequeñas cantidades.

En El Antropoceno como unidad geológica de tiempo, Jan Zalasiewicz, Colin Waters y otros integrantes del Grupo de Trabajo del Antropoceno señalan la importancia de los registros de metano en núcleos de hielo de Groenlandia y la Antártida para apoyar su propuesta de nueva época geológica. Si bien a lo largo de la historia terrestre este gas tuvo fluctuaciones naturales, sostienen que su aumento desde 1875 incluye emisiones de fuentes antropogénicas. En criollo: las actividades destructivas que Gobiernos y corporaciones siguen fomentando.

Está por todas partes. Desde el gas natural para calefacción domiciliaria al estómago del ganado rumiante. Naturalmente en la atmósfera y los humedales o en cada escape de gas de una tubería. De 1999 a 2006 la carga atmosférica de CH4 fue casi constante, pero en 2007 empezó una tendencia al aumento que se profundizó de 2014 en adelante. Las causas todavía son motivo de debate científico.

Según el Laboratorio de Monitoreo Global de la NOAA, la suba pronunciada obedece a fuentes biológicas: la descomposición de la materia orgánica de los humedales o la digestión de las vacas. La ONU agrega que un 8 % de las emisiones de origen humano provienen del cultivo de arroz con cáscara. En cuanto a las fuentes industriales, la NOAA estima que un 30 % de las emisiones totales de CH4 proviene de la producción y el uso de combustibles fósiles.

Si se toma la década 2008-2017, las emisiones globales de metano aumentaron un 9 % respecto al período 2000-2009, y un 60 % de estas son antropogénicas. Esto significa que, de las 576 Tg (millones de toneladas métricas) anuales, 359 Tg corresponden a actividades humanas. Estos datos surgen del trabajo de científicos nucleados por Global Carbon Project (GCP) para definir qué procesos agregan este gas a la atmósfera y cuáles lo eliminan.

En la década en que se basó el estudio de GCP, el 64 % de las emisiones fueron de las regiones tropicales de América del Sur, Asia y África, mientras que las regiones templadas representaron el 32 %, y el Ártico, el 4 %. En cuanto a las fuentes, los investigadores establecieron:

Un 30 % vía humedales.

Un 20 % por petróleo, gas y carbón.

Un 24 % de la agricultura, incluida la fermentación entérica (digestión del ganado) y el manejo del estiércol.

Un 11 % a través de basurales o vertederos.

Pese a la estabilidad alcanzada entre 2000 y 2006, el GCP considera que el aumento en la concentración atmosférica de CH4 ha estado ocurriendo desde hace más de un siglo. Por su parte, académicos de California y Michigan identifican que las observaciones contemporáneas del metano muestran oscilaciones entre períodos de aumento (de 1982 a 2000 y de 2007 a 2017) y estabilización (de 2000 a 2007). “Si bien existen incertidumbres en el balance de metano, no deberían restar valor al potencial de las estrategias de mitigación de emisiones”, aclaran.

Las observaciones más recientes muestran que la concentración de metano atmosférico siguió al alza: de 1888.3 ppb (partes por billón) en febrero de 2021 a 1908.5 ppb en febrero de 2022. La NOAA admite que se trata de valores preliminares que pueden ser recalibrados a medida que se analicen más muestras.

La fuga

Se habla poco y nada de las fugas que protagoniza el CH4. A fines de mayo de 2022, el sitio Unearthed, proyecto periodístico de Greenpeace en el Reino Unido, dio a conocer que el yacimiento de gas Hassi R’Mel, el más grande de Argelia y operado por la estatal Sonatrach, ha estado liberando metano regularmente desde al menos 1984. El hallazgo, a través de imágenes satelitales, se produce en momentos en que la Unión Europea, motivada por la guerra entre Rusia y Ucrania, aspiraba a incrementar la importación de gas desde el norte de África.

“La cuenca Hassi R’Mel liberó unas 939 000 toneladas de metano el año pasado, un 67 % más que en 2020, según datos de la empresa de geoanálisis Kayrros SAS analizados por Bloomberg”, apuntan. Es el equivalente a las emisiones anuales de diecisiete millones de automóviles estadounidenses.

Las fugas masivas de metano no ocurren solo en tierra. Un paper reciente, publicado por científicos de Valencia en Environmental Science & Technology Letters, expuso que durante diecisiete días la petrolera estatal Pemex lanzó 0,04 ± 0,01 Tg de metano (equivalente a 3,36 millones de toneladas de CO2) en su plataforma offshore cerca de la costa de Campeche, en el golfo de México.

Estas filtraciones podrían reducirse más rápida y fácilmente en comparación con el recorte de emisiones de metano de la agricultura y otras fuentes. La Agencia Internacional de Energía advierte que estas fugas, que por lo general no se informan, agregan un 70 % más a lo que los Gobiernos reconocen.

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Una bomba subterránea de metano

Se sabe y se estudia hace años: gracias al calentamiento global, el Ártico está dejando de ser un sumidero de emisiones para convertirse en una fuente. Durante milenios el permafrost y el fondo submarino de esta región polar almacenaron toneladas de metano. Pero el derretimiento provocado por las cada vez más frecuentes olas de calor no solo saca a la luz restos óseos de animales prehistóricos: también se liberan grandes cantidades de este peligroso y potente gas.

Según un grupo de científicos de universidades alemanas, suecas y rusas, los estudios suelen centrarse en la liberación del metano microbiano por la descomposición de la materia orgánica almacenada en el permafrost antes de su deshielo. Pero la retroalimentación del permafrost-metano puede ser aún más peligrosa.

Nikolaus Froitzheim, Jaroslaw Majka y Dmitry Zastrozhnov encontraron un vínculo entre la ola de calor del verano de 2020 –julio/agosto– y la emisión de metano durante la primavera de 2021 –marzo/abril– en Siberia, específicamente en la península de Taymyr y sus alrededores. Descubrieron que durante y después de las temperaturas récord las concentraciones de metano atmosférico aumentaron considerablemente.

Y no solo eso: al usual y dominante metano microbiano se le sumó una proporción del termogénico, es decir, el gas natural del subsuelo más profundo, debajo de la capa de permafrost y potencialmente en cantidades mucho mayores. “El aumento de concentración de la primavera de 2021 es inusual porque el área todavía estaba cubierta de nieve y las temperaturas eran bajas”, observaron los investigadores.

Fue relativamente sencillo identificar que no se trataba del metano microbiano surgido de la descomposición de la materia orgánica. En esa zona de rocas carbonatadas del Neoproterozoico los suelos son delgados o inexistentes, la vegetación es escasa y la proporción de humedales es baja. En cambio, estos carbonatos paleozoicos son reservorios potenciales de hidrocarburos.

“Esto abre la posibilidad de que el metano haya sido emitido por el gas almacenado en los carbonatos, probablemente en forma de hidratos de gas”, sostienen los investigadores. Suponen que la movilización de estos formó un cráter de erupción de gas en las colinas de Patom, más al sur de Siberia, pero todavía en la zona de permafrost. Los científicos adelantan que seguirán estudiando para dilucidar “qué tan rápido se puede transferir el metano de estas fuentes a la atmósfera”.

El CO2 sigue protagonizando

La vida atmosférica del CH4 es corta –una década– si se compara con el CO2, que tarda cientos o miles de años en desaparecer de la atmósfera. Por esa razón los científicos del Laboratorio de Monitoreo Global consideran que, aunque es necesario reducir emisiones de metano para mitigar la crisis climática, es imposible pensar en evitar los peores escenarios si no se reduce en forma urgente y agresiva la contaminación por CO2, que se ha estado acelerando en los últimos años.

Si en 2021 se emitieron a la atmósfera 36 000 millones de toneladas de CO2 a causa de la actividad humana, durante el mismo período fueron liberadas aproximadamente 640 millones de toneladas de CH4. A diferencia del metano, el efecto de las emisiones de dióxido de carbono es acumulativo. “Alrededor del 40 % de las emisiones del Ford T de 1911 todavía están en el aire hoy”, explica Pieter Tans, científico principal del Laboratorio de Monitoreo Global.

Secuela

  • El nivel de CH4 en la atmósfera es dos veces y media mayor que los niveles preindustriales.
  • El CH4 es responsable de una cuarta parte del calentamiento global desde 1850.
  • NOAA recolecta muestras de aire de ochenta sitios de referencia a nivel global.
  • El metano emitido en 2021 fue un 15 % mayor que en el período 1984-2006 y un 162 % mayor que los niveles preindustriales.
  • Dos tercios de las emisiones de metano provienen de la cría de animales de granja y de microbios en humedales que se están calentando debido al CO2.
  • Además del metano, el óxido nitroso y el dióxido de carbono, otras dieciocho sustancias generan calentamiento global desde la Revolución Industrial, entre ellas los clorofluorocarbonos, que han sido prohibidos por tratados.
  • Las concentraciones de metano son entre un 8 y un 10 % más altas en el Ártico que en la atmósfera antártica.
  • Las emisiones de metano de origen antropogénico podrían reducirse hasta 45 % en la próxima década y evitar casi 0,3 °C de calentamiento global para 2045.
  • Argentina, cuyas emisiones de metano se deben principalmente a la fermentación, debe reducirlas un 10 % para 2030 y un 35 % para 2050 respecto a niveles de 2010.

Fuente: ANRed

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