Por Patricia Reguero Ríos (El Salto).

Voy a un taller. Menuda mierda de comienzo, pero voy a un taller. Bueno, para ser exactas, he ido a muchos talleres de escritura. El más reciente el de Gloria Fortún. El anterior, de Silvia Nanclares. Y, ¡ay! los cuerpos. Lo que hablamos de los cuerpos cuando sentimos que estamos en un espacio seguro… De eso algunos no tendréis nunca ni idea.

De cuerpos gordos. De cuerpos madre. De cuerpos rotos.

De cómo se juzgan nuestros cuerpos.

Que el cuerpo de una es opinable es algo que se aprende muy pronto. De repente, un chico hace un comentario en un parque y ya lo sabes. Con ese comentario entras en un túnel cargado de mensajes en los anuncios de moda, en los tallajes de la ropa, en las barras de los bares, ahora también en las redes sociales. Cualquier sitio puede ser una tribuna desde la que otros juzguen cuerpos. Los nuestros.

Estoy hablando, sí, de “violencia estética”, esa presión que recibimos para adaptarnos a unos cánones esclavos, cambiantes, arbitrarios. Y, aunque, se impone también a los hombres, la presión se ejerce sobre todo en las mujeres, y también somos nosotras las que sufrimos de manera más grave sus consecuencias —mirad, por poner un ejemplo, los porcentajes desagregados de los diagnósticos de trastornos de la conducta alimentaria—.

El término no lo ha inventado el Ministerio de Igualdad, pero sí ha sido el ministerio quien ha conseguido ponerlo en el debate con la campaña “El verano también es nuestro” donde una imagen muestra a varias mujeres: una luce orgullosa su vello corporal mientras toma el sol, otra deja ver con su topless la masectomía de uno de sus pechos y hay también tres mujeres gordas.

“El verano también es nuestro. Disfrútalo como, donde y con quien tú quieras. Hoy brindamos por un verano para todas, sin estereotipos y sin violencia estética contra nuestros cuerpos”. Ese el mensaje de la campaña. Un mensaje que podría considerarse fresquito y naif si no fuera por la escalada de reacciones que ha generado.

Hay comentarios que ridiculizan la campaña, la imagen, el mensaje, o a la ministra Irene Montero en un mashup de reacciones gordófobas, xenófobas y todófobas

Porque como casi todo lo que hace el Ministerio de Igualdad, la idea ha recibido una ola de comentarios. Comentarios que ridiculizan la campaña, la imagen, el mensaje, o a la ministra Irene Montero en un mashup de reacciones gordófobas (¡¡¡intentan convencernos de que esos cuerpos atrofiados por la obesidad son el paradigma de lo saludable!!!), xenófobas (¡¡¡os ha faltado una mujer con nicab!!!”) y todófobas (¡¡¡menudos fascistas, dejando fuera a las mujeres no menstruantes y a la niñera de Irene Montero que no le deja meterse en la piscina del casoplón!!!).

A las reacciones de este tipo se han sumado dos polémicas. La primera, sobre el coste de la campaña, después de que algunos medios hayan publicado los datos que aparecen en el Portal de Transparencia y que constatan la cifra de 84.500 euros para una “campaña de sensibilización contra los estereotipos de género”. Que esta cifra haga referencia a otra campaña y en otra fecha no ha impedido que algunos medios aseguren en letras grandes que eso es lo que ha costado el cartel.

La segunda es sobre los derechos de autor, después de que la modelo Nyome Nicholas Williams asegurara en su cuenta de Instagram @curvynyome que la campaña utiliza su imagen sin su permiso.

A ambas cuestiones respondía el responsable del cartel, Arte Mapache, en Twitter: reconoce haber usado la imagen sin permiso y también dice haber utilizado una tipografía sin licencia. Además, cifra el coste del cartel en 4.490 euros. “He considerado que la mejor forma de paliar los daños que se hayan podido derivar de mi conducta es repartir los beneficios que se derivan de este trabajo a partes iguales entre las protagonistas del cartel y comprando la licencia de la tipografía”, ha dicho.

Más allá de polémicas, lo que propone el Ministerio de Igualdad con esta campaña es hablar de la violencia de los cánones que se imponen a los cuerpos de las mujeres. No es solo una cuestión de estética: la imposición de estos cánones nos amarga y nos enferma.

Cuando crees que la fuerza del feminismo, tus lecturas o tu edad han conseguido desplazar esta violencia, te juntas a escribir con un grupo de mujeres y venga el cuerpo

Y, cuando crees que la fuerza del feminismo, tus lecturas o tu edad han conseguido desplazar esta violencia, te juntas a escribir con un grupo de mujeres y venga el cuerpo.

Aplaudo (¡tantísimo!) que las chicas de hoy tengan entre sus referentes las piernas de Nathy Peluso —nosotras, que nos tragamos que Renée Zellweger estaba gorda en El Diario de Bridget Jones—. Pero es que al mismo tiempo me bombardean a diario con anuncios de dietas para adelgazar, contenidos patrocinados sobre los kilos de más o de menos (nunca se tienen los correctos) de famosas y vídeos de chicas jovencísimas que cuentan en Tik Tok su operación de aumento de pecho.

Hablemos de cuerpos. Disfrutemos de cuerpos. Escribamos de cuerpos.

Dejad de juzgarlos.

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