Por Yami Figueroa

Los esfuerzos por detener el avance violento del SARS-Cov-2 (coronavirus/COVID-19), en Argentina en particular y en América Latina en general, distraen la atención de muchas otras enfermedades que padecemos en la actualidad. La necesidad de atender la pandemia que avanza a lo largo y ancho del planeta es lógica, pero ¿qué pasa con todas las demás enfermedades graves, endémicas y sin tratamiento que se arraigan a nuestro país?

Hablemos de una enfermedad endémica en Argentina que necesita ser atendida de forma constante: el dengue. Conocida popularmente por la fiebre «rompehuesos», su urgencia sanitaria sobrepasa los límites de la época de calor para extenderse durante todo el año. Una enfermedad preocupante y alarmante en nuestro país que podría ser prevenida o minimizada con el compromiso social de los Estados y les ciudadanes.

¿QUÉ ES EL DENGUE? ¿CÓMO SE TRANSMITE?

El dengue es una infección producida por un virus y transmitida por la picadura de mosquitos conocidos por el nombre científico de Aedes aegypti. Este virus se puede transmitir de persona a persona, pero solo con la picadura del mosquito como intermediaria. Al picar a una persona infectada con el virus, el mosquito se infecta y es capaz de transmitir la infección en futuras picaduras a otras personas sanas. Entonces, es importante recalcar que no nos pica «un dengue» sino un mosquito infectado con el virus del dengue.

El dengue tiene una particularidad y es que hay cuatro variedades del virus a las que se denominan «serotipos». En caso de contagiarnos, adquiriremos inmunidad solo para el serotipo con el cual hayamos sido infectados. Es decir que si nos contagiamos con un dengue de serotipo 1 (DEN-1) nuestra producción de defensas (anticuerpos) y la inmunidad será solo para ese serotipo y no podrá evitar que nos contagiemos con otro serotipo distinto.

Todos los mosquitos (no solo el que transmite dengue) nacen a partir de huevos pero antes de alcanzar la madurez viven en el agua en forma de larvas o pupas. A partir de entonces sufren algunas series de transformaciones bastante grandes hasta convertirse en adultos (es decir, el mosquito que vuela y nos pica).

A simple vista, el Aedes aegypti puede identificarse por ser más negro que otros mosquitos y tener rayas blancas en sus patas y dorsales. Aunque estos son los mosquitos que podrían transmitir el virus del dengue, no todos los mosquitos negros con rayas blancas se encuentran infectados, sino solo aquellos que picaron antes a alguna persona infectada. Es un mosquito huidizo y silencioso de hábitos diurnos que reposa sobre superficies oscuras y pica preferentemente durante las últimas horas del atardecer y las primeras del amanecer.

La cría del mosquito se desarrolla en recipientes que acumulan y estancan agua. Una particularidad de este mosquito es que pone sus huevos en superficies rígidas al ras del agua, a diferencia de otros mosquitos que los ponen directamente sobre el agua. Por ejemplo, puede reproducirse en baldes, frascos, neumáticos, bebederos de animales, canaletas, tanques de agua, etc.

En cada lugar y según las condiciones del contexto, la situación puede ser diferente pero los pilares fundamentales para la cría y transmisión son: contenedor de agua + superficies rígidas + personas cerca. En las zanjas, cunetas de agua u otros cuerpos de agua que no cumplen con las tres condiciones, el mosquito Aedes aegypti no se cría.

Estas características son generales y aplican de igual manera a la totalidad de la región, pero es un desafío y una urgencia sanitaria pensar cuáles son los criaderos que se encuentran presentes en cada una de las casas, los barrios y las localidades, ya que las particularidades pueden ser diversas y presentar dificultades diferentes.

¿QUÉ SUCEDE EN NUESTRO PAÍS FRENTE A LA EPIDEMIA DEL DENGUE?

La enfermedad producida por el virus del dengue es una de las tantas enfermedades endémicas de circulación autóctona en nuestro territorio que no cesa sino que viene escalando su récord en los últimos años.

En la Argentina actual y según el Boletín Integrado de Vigilancia Nacional, desde agosto de 2019 hasta la fecha se registraron 41.689 casos de dengue confirmados por laboratorio o nexo epidemiológico, es decir, por estar cerca de un criadero o de una zona donde el número de casos es elevado, sin antecedentes de viaje; 1.860 casos aún se encuentran en proceso de investigación.

Si comparamos los datos actuales con los del mismo periodo de 2016 (año en el cual se había registrado la mayor cantidad de casos hasta el momento), observamos que en lo que va de la temporada hubo alrededor de 43 mil casos en el país, superando los casi 40 mil de 2016.

Un grupo multidisciplinario de científicas argentinas publicó en las últimas semanas un artículo sobre el mapa de la movilidad de una proteína que tiene el virus del dengue cuando infecta una célula humana. Esta iniciativa, encabezada por Laura Estrada y Manuela Gabriel —y en cuyo equipo trabaja Andrea Gamarnik, conocida recientemente por el kit serológico COVIDAR IgG—, es clave para el desarrollo de fármacos antivirales.

Para facilitar la comprensión de este hecho científico y entender el mapa de la movilidad de la proteína viral, una investigadora comenta:

«Es como si vos pudieras tener una imagen de las entradas y salidas de Buenos Aires y vieras por qué calles circulan más autos, por cuáles no circula ninguno, en qué dirección va cada uno. Se trata del flujo molecular. Por qué lugares se trasladan las moléculas y de qué manera, porque lo que demuestran nuestros mapas es que en algunos lugares el movimiento es muy desordenado pero hay regiones donde el movimiento es muy organizado».

Este avance científico es fundamental para la soberanía científica de nuestro país ya que es un trabajo realizado ciento por ciento en Argentina, por un equipo multidisciplinario de mujeres científicas que buscan dar respuesta a un problema grave y actual que enfrentamos. Esto demuestra que si nosotres no avanzamos en nuestras problemáticas locales, nadie lo hará.

Fuente: Escritura Feminista

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