Por Estefanía Santoro

“Mamá, no quiero que te vayas. No quiero esto. Quiero estar con mi mamá. Ella me hace dormir. ¿Si se va quién me va a hacer dormir esta noche?” preguntó Arcoíris en medio de una crisis de llanto. Mientras Delfina trataba de contener a su hijita de siete años, se puso a preparar la mochila del colegio para el comienzo de clases, hasta ese momento no sabía si iba a volver a verla. En su casa había cuatro oficiales de policía varones realizando un allanamiento y una oficial mujer que la seguía hasta al baño.

Los oficiales trabajaban con sus computadoras y hablaban por teléfono, se escuchaban los gritos de la jueza de la Cámara Cuarta Civil, Comercial y Minas, Ana Carla Menem, a cargo del caso Arcoíris -un nombre de ficción- en La Rioja, también hablaron con la jueza de Violencia de Género y Protección Integral de Menores de esa provincia, Gisela Flamini, quienes trataban de concretar un plan que desde hace dos años vulnera los derechos de una menor. El exhorto a la policía de la Ciudad decía que había que detener a Delfina y llevarse a la niña.

Era miércoles 22 de febrero por la tarde, madre e hija Arcoiris estaban preparándose para ir a la plaza, las acompañaba su abuelo, papá de Delfina cuando sonó el timbre y les presentaron la orden de allanamiento. Ningún funcionarix defensor de menores acompañaba el operativo e incluso cuando, alertada por la gravedad de la situación, se hizo presente la Defensora de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Nación, Marisa Graham, la policía intentó impedir su ingreso hasta que la situación no dio para más ¿Cómo pensaban llevarse a una niña sin contención alguna?

En menos de media hora desde que había sonado el timbre, se había concentrado en la puerta de la casa de Delfina un grupo diverso y multitudinario de activistas feministas: mujeres, pibas, tortas, no binaries, trans, que gritaban «No pasarán», el atropello corrió de boca en boca y la acción también. Del otro lado en el pasillo del edificio se oían los gritos de Arcoíris: «No quiero que me separen de mi mamá», un pedido de auxilio que se pudo escuchar en los videos que circularon del momento en que la Policía de la Ciudad de Buenos Aires irrumpió en el domicilio.

«A medida que pasaban las horas, la angustia y el enojo de Arcoíris se iba acrecentando al punto de que en un momento se les plantó a los canas y les dijo: ‘No les creo. Yo sé quiénes son’. Ella a pesar de su corta edad, se da cuenta de todo porque desde que tiene dos años y ocho meses la tironean. No es la primera vez que un juzgado riojano ordena esto. Cuando le dijeron que se iba a quedar en casa estaba más calmada hasta que supo que yo me iba a ir y volvió a ponerse muy mal porque ya pasó por esto”, cuenta Delfina.

A Delfina la juzgan tres tribunales distintos por los supuestos mismos hechos, Elida Barrera, su abogada en La Rioja explica: “Menem es una jueza transitoria, ella interviene en el caso de la causa por alimentos y régimen de comunicación con el progenitor de la niña, ahí nosotros presentamos una medida autosatisfactiva -medida cautelar que es proteger un derecho, en este caso de la niña- para pedir la suspensión del régimen por los denuncias de abuso que había. Esta jueza falla diciendo que se debía revincular a la niña con el progenitor. También interviene la jueza Flamini del juzgado N°2 de Instrucción de Violencia de Género y Protección Integral del Menor, quien tiene a cargo las denuncias por impedimento de contacto en contra de Delfina y la jueza Nicolasa Valdez del Juzgado de Menores interviene porque es a donde se puso a disposición a Arcoíris. Actuaron en conjunto, la jueza Menem pidió la revinculación, la jueza Flamini ordenó la detención de Delfina por desobediencia y por rebeldía y la jueza Valdez también ordenó la revinculación, tienen competencias superpuestas.”

Las denuncias

Desde 2018 Delfina realizó cinco denuncias por abuso. Ante profesionales intervinientes la niña relató con claridad, en más de una oportunidad, que fue agredida sexualmente por su abuelo paterno. En todas las denuncias que realizó Delfina se constató el abuso, la niña debió pasar por interrogatorios, cámara gessel y un sin fin de revictimizaciones. A pesar de que existen pruebas contundentes y la palabra de la niña es clara, en dos de las denuncias hubo sobreseimientos (que están apelados), las otras dos no tuvieron ningún avance y ni siquiera se han dictado medidas cautelares.

Desde sus dos años Arcoiris puso de manifiesto que su abuelo paterno abusaba de ella. La niña seguía teniendo contacto con el abuelo abusador y comenzó a expresar que no quería ir más a la casa de su padre. Nuevamente había sido abusada, situación que fue constatada por un equipo técnico, además del testimonio explícito de la niña, donde contó lo que su abuelo le hacía. Delfina suspendió las visitas, ya que, si bien existía una orden de restricción de contacto entre la niña y el abuelo paterno, el progenitor de Arcoiris las incumplió permitiendo que los abusos continuaran. El progenitor está denunciado como partícipe necesario de los abusos ya que cada vez que Arcoíris volvía de las visitas con el padre manifestaba haber estado en contacto con su abuelo y haber sido víctima de nuevas situaciones de agresión sexual.

La primera denuncia se realizó en el Juzgado de Instrucción N°2 a cargo del doctor Barría, es una denuncia por abuso sexual agavado por el vínculo en contra del abuelo Jose Vergara, ese expediente está en el Tribunal Superior de Justicia de La Rioja pendiente de resolución. En ese expediente hay informes que confirman los abusos, un protocolo de abuso que lo realiza la doctora Mabel De Ambrollio donde determina que el abuso es clase dos, también hay informes de la psicóloga Coloma que detecta el abuso y otras pericias más. En el 2019 se realiza otra denuncia más por abuso, ese expediente llegó a casación y el abogado anterior lo presentó en un juzgado que no correspondía y se venció. En mayo de 2022 cuando se volvió a revincular a la niña con el progenitor, la niña volvió a relatar los abusos y cada vez que volvía de la casa de éste tenía los mismos problemas. Hay tres denuncias, una en donde se le realiza el protocolo de abuso, otra en la que hay otro tipo de pruebas como fotos y videos. Despues se solicita una medida cautelar para protección de ambas que lo hace la abuela materna de Arcoíris, Vivian Sarranz, ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos solicitando que la niña quede con su mamá y avancen las cuestiones penales en cuanto a los abusos que estuvieron estáticas hasta que yo tomé el caso en marzo del 2022”, explica la abogada Barreda.

A fines de 2020 cuando Arcoíris vivía con su progenitor tuvo que atravesar una cámara gessel en el juzgado de violencia de género, “esa cámara se realiza en un contexto donde le prohibieron estar a su psicóloga de confianza, la lleva el padre y vuelve con él y mi hija relata que vio al abuelo, cuando en ese momento tenía una perimetral”, asegura Delfina y agrega: “La jueza Jesica Díaz Marano (del Juzgado de Instrucción de Violencia de Género y Protección Integral N°1) lo sobresee, determina que la niña no fue abusada aun cuando las dos psicólogas de mi hija en La Rioja constataron los abusos, también fue peritada por la única psicóloga que tiene un magíster en psicodiagnóstico quien también confirmó indicios de abusos. Hay muchas pruebas de que su relato es real.”

Oídos sordos

La primera vez que Arcoiris fue separada de su madre fue en 2020, cuando tenía cuatro años recién cumplidos, a través de una causa por impedimento de contacto. La justicia determinó que la niña debía vivir con su progenitor porque acusó a Delfina de obstructora y ni siquiera reguló las visitas, quedaban a discrecionalidad del padre. Cada vez que Delfina intentaba verla se lo negaban, le decían que estaba ocupada o que había salido, ni siquiera podía tener una videollamada sola con la niña. El poder judicial de La Rioja nunca escuchó a la niña. A fines de 2020 Arcoíris volvió con su mamá luego de una crisis de llanto, Delfina realizó las presentaciones correspondientes, sin embargo, nunca le dieron garantías.

«Lo único que hice fue creerle a mi hija, ese discursito de las falsas denuncias y de que yo lo hago porque quiero dañar al padre es absolutamente falso porque si hay alguien que tuvo que andar con su hija de acá para allá, desarraigarse, con miedo y viviendo en estado de alerta por lo que le pueda llegar a pasar a su hija, esa soy yo. Nosotras le ponemos el cuerpo a la secuelas y el daño que deja no solo el abuso sexual, sino toda esta persecución. En mi casa tocan el timbre y mi hija se cuelga del techo, eso era algo que había cesado desde que llegamos a Buenos Aires porque acá tenemos medidas de protección. Arcoíris había empezado a hacer una vida tranquila, podía llevarla a la plaza, tener amiguitos, una vida que no podía hacer en La Rioja. No hay nada de ganancia, para mí en esto, ponerle el cuerpo es durísimo y para mí también tiene consecuencias psicológicas, emocionales y económicas. Lo que pasó el miércoles significa un retroceso muy grande, es volver a sentir temor, peligro y vivir en estado de alerta porque una niña que lo único que tenía en la cabeza era qué cuaderno se tenía que comprar para llevar a la escuela ahora su problema es que no se la lleven, ella tendría que seguir preocupada por el cuaderno y no porque estos hijos de la mierda con órdenes ilegales vengan a querer llevársela.»

A Delfina la Justicia la imputó en tiempo récord por impedimento de contacto y desobediencia de la autoridad, una acusación incorrecta porque ella lo que está haciendo es proteger a su hija de ser víctima de nuevas situaciones de abuso. En junio del año pasado la niña le contó a su mamá una nueva situación de agresión sexual que sufrió por parte de su abuelo paterno. Frente a esa situación Delfina decidió buscar protección en Buenos Aires y radicó una denuncia en la Oficina de Violencia Doméstica (OVD) dependiente de la Corte Suprema de Justicia que evaluó la situación como de alto riesgo y brindó medidas de protección para la madre y la niña con prohibición de acercamiento para el progenitor Matías Vergara.

“Tengo nueve imputaciones que son ultra rebatibles, las denuncias que tengo por impedimento de contacto son posteriores a la denuncia que realicé por abuso sexual contra mi hija. Cuando Flamini pidió mi detención, cuatro fiscales de La Rioja dijeron que se tenía que juzgar con perspectiva de género”, explica Delfina.

A partir de ese momento en La Rioja comenzó una persecución política y judicial contra Delfina sosteniendo que ella secuestró a su hija, que no se sabía dónde estaba la niña, y que está perdida. Ante esta persecución la Dirección de Acceso a la Justicia de Nación intervino para informar y ofrecer a la justicia riojana informes de trabajadores sociales que demuestran que la niña está en perfecto estado y la misma OVD fue quien dispuso en ese momento que el domicilio real de ambas se mantenga reservado por una cuestión de protección.

“Las medidas de protección fijadas por la Justicia Nacional en lo Civil de la Capital Federal en contra del progenitor de la niña Arcoíris, continúan vigentes en el marco de la causa por violencia familiar que se tramita en Capital Federal, en la cual está denunciado el progenitor que tiene totalmente prohibido desde junio del año pasado todo tipo de contacto con la niña Arcoiris. Estamos a la espera de que el Poder Judicial de La Rioja avance con la resolución de las causas por abuso sexual en las cuales está denunciado el abuelo paterno de la niña. A la par de las medidas que brindó la Justicia Nacional, la doctora Ana Carla Menem de la Cámara Cuarta en lo Civil, Comercial y de Minas del Poder Judicial de La Rioja dictó una orden de restitución y privó de la responsabilidad parental a Delfina. Es una orden contraria a lo que son las medidas de protección que dictó la Justicia Nacional en lo Civil, por eso es que estamos denunciando que el Poder Judicial de La Rioja no solo persiste en incumplir y seguir violando los derechos humanos de Arcoíris sino que insiste con alevosía y un particular ensañamiento sobre la criminalización de Delfina tanto como mujer y como madre protectora. Estamos pidiendo que se reconozca como centro de vida de la niña la Ciudad de Buenos Aires porque ya hace casi un año que la niña está desarrollando su vida libre de todo tipo de violencia. Tal como fue constatado, la niña y su mamá fueron entrevistadas por el Poder Judicial de la Nación en lo Civil desde que se encuentran allí. Entonces el Poder Judicial lo que tiene que hacer es actuar conforme al interés superior de la niña, garantizarle una vida libre de violencias, bienestar y protección a su salud, su integridad y su vida”, explicó Aldana Ros, abogada de Delfina en comunicación con Las12.

La impunidad de los poderosos

A Delfina la persigue un poder judicial que no creyó ni en su palabra como mamá protectora, ni en la de la niña, ni en la de lxs profesionales que constataron los abusos. Los poderosos (el progenitor de la niña y su abuelo) terminaron acusando a la madre por desobedecer la revinculación y lxs operadores de la Justicia de La Rioja dieron lugar a ese pedido hasta que el caso tomó relevancia nacional.

«Yo me di cuenta de los abusos cuando mi hija empezó con los cambios de comportamiento. El progenitor no podía acercarse a mi casa porque ya lo había denunciado por violencia de género, entonces el abuelo era el que se encargaba de llevarla y traerla. A los meses me enteré que estaba siendo abusada, no lo podía creer al principio. Hice la primera denuncia en 2018, pedí las medidas de protección y me las dieron pero solo con respecto al abuelo y no respecto al padre, que fue el facilitador porque no había forma de que mi hija fuera con el abuelo si no iba con el padre, él era el nexo. En 2019 dejé de mandarla a las visitas porque cuando se reanudó la re vinculación nadie controlaba, mi hija seguía contando que veía a su abuelo. Hice las denuncias y nunca tuvo efecto, nunca valió mi palabra, al contrario siempre se me cuestionó. En una provincia que tiene una cultura ultra machista y muy conservadora. La violencia escaló tanto que los medios locales hicieron una campaña de odio en mi contra. Por eso ni yo ni mi hija tenemos garantías en La Rioja. El propio gobernador se pronunció en mi contra, dijo que estaba muy preocupado por un padre que no sabía nada de su hija y que personalmente había hablado con el Tribunal Superior de Justicia. Pero de los abusos que sufrió mi hija no dijo nada.»

Delfina no tuvo otra alternativa que irse de La Rioja, sin embargo, en Buenos Aires la persecución continuó y por eso el miércoles 22 de febrero, Policías de la Ciudad irrumpieron en su domicilio para separarla de su hija y detenerla. El progenitor de la niña que vive en La Rioja se encontraba en Buenos Aires. El plan orquestado con el aval de las juezas Menem y Flamini no tuvo en cuenta que a base de fuerza y organización casi instantánea, una muralla humana de activistas y transfeministas protegerían a Delfina y Arcoíris.

Ese día también estaban presentes integrantes de la Asociación de Padres “Separados” de sus Hijos (APADESHI), una entidad cuestionada por defender a varones denunciados por causas de violencia de género y abuso sexual. También estaba Barbara Morelli, representante de una pseudo fundación -que no cuenta con personería jurídica- que se pronuncia en contra de la legalización del aborto, llamada Fundación Morelli y que posee un poder del propio progenitor de Arcoíris para difundir fotos de la niña y su nombre real, la propia Morelli lo contó en sus redes. Es la misma persona que viene realizando declaraciones falaces como que la niña está desaparecida, cuando desde hace meses Delfina notificó el domicilio actual de su hija en el barrio porteño de Almagro.

“Que hoy haya algunos seres del mal mostrando el nombre y la cara de mi hija, diciendo que está desaparecida, son cosas que las habilita su papá. La misma mujer que mostró el nombre y la cara de mi hija es la que develó el domicilio reservado de la mamá de Cosquillitas, otro caso de revinculación similar al mío. Fue la mujer de esa fundación, la que mediante engaños le dio el domicilio al progenitor”, asegura Delfina.

Las personas denunciadas tienen fuertes vínculos con el poder de La Rioja. El abuelo paterno señalado por la niña como abusador es José Vergara, director de Despacho de la Secretaría de Justicia de esa provincia. “Este personaje es mano derecha de Karina Becerra, sobrina del gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, es además miembro del Tribunal Superior de Justicia y Presidenta del Consejo de la Magistratura. Las cuatro juezas intervinientes en este caso: Menem, Flamini, Jesica Díaz Marano (del Juzgado de Instrucción de Violencia de Género y Protección Integral N°1) y Nicolasa Valdez, jueza del Juzgado de Menores de La Rioja, asumieron sus cargos en la gestión de Quintela. La jueza Menem que es quien insiste tanto en llevarse a mi hija, se fotografió con Jonatan Paredes, quien tiene 17 denuncias por violencia de género y estuvo prófugo de la justicia”, asegura Delfina.

Matías Vergara, el progenitor de la niña también está imputado por intento de femicidio contra la mamá de Delfina, a quien hirió de gravedad en abril del 2021 para secuestrar a Arcoiris, sin embargo, la justicia riojana nunca investigó ese hecho porque él también es un hijo del poder. La abuela de la niña iba de la mano con Arcoíris, el progenitor se la arrebató en plena vía pública y la golpeó salvajemente. La arrastró con el auto y una parte de la rueda del coche pasó sobre el cuerpo de la mujer. Vergara metió a la niña violentamente y contra su voluntad en el auto y se la llevó a los gritos sin saber qué le pasó a su abuela que quedó tendida en el piso. Todo sucedió ante los ojos de Arcoíris.

Violencia sin tregua

Es tan evidente el ensañamiento y la persecución que despliega el del poder judicial riojano hacia las madres protectoras que el caso Arcoíris es solo uno de muchos otros. Este se vincula con otro caso en el que también intervienen las mismas juezas Flamini, Valdez y Pablo Cubillo, asesor de menores. Se trata del caso Cosquillitas -para proteger el nombre real de la menor- una niña de cuatro años con centro de vida en Córdoba que fue separada de su madre, trasladada a La Rioja y puesta en un dispositivo de cuidado estatal desde hace más de 10 días sin poder ver a su familia. El abogado del progenitor denunciado es Emilio Pagotto, quien también es defensor de Vergara.

“Es un mensaje de criminalización muy fuerte para nosotras, las madres protectoras. Este afán de venganza y aleccionamiento es un mensaje para todas esas madres donde les dicen ‘si te animas a defender y proteger a tu hija te va a pasar esto’ -dice Delfina. El jueves a las seis de la tarde me notificaron que tenía prisión domiciliaria, lo que es una rareza descomunal, me están castigando por animarme a decir basta, por no querer que pase un día más de mi vida viendo cómo abusan a mi hija. Esto tampoco es vida, sobrevivimos porque tenemos una capacidad enorme de supervivencia en medio de un clima de hostilidad y ensañamiento. Si realmente les interesara la niña no tomarían estas decisiones.”

Delfina pasó de tener una custodia que la cuidaba a tener una custodia que la vigila por considerar que puede escaparse con su hija, aun cuando la inscribió en el colegio y asiste todos los días a clases, mientras tanto, el progenitor ni siquiera se presentó a la cita que emitió el Consejo de Derechos. A raíz de la prisión domiciliaria, Delfina ni siquiera pudo acompañar a Arcoíris en su primer día de clases.

Fuente: P12

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