La alianza Cambiemos aparece en la provincia de Chubut como una de las más inestables del país y, pese al buen resultado en la última elección, la división entre el PRO y el radicalismo ha llegado a niveles de ruptura muy evidentes; ya que el malestar y las diferencias, lejos de ocultarse, brillan en su opacidad.

La nueva tensión entre los “aliados” se hizo evidente tras la declaración de Marcelo Cano, cuando señaló que Arcioni no tiene cerradas las puertas del PRO en la provincia. La evidente falta la crecimiento de la imagen pública de Ignacio Torres deja una profunda falencia en el partido amarillo a poco más de un año de las próximas elecciones, y el posicionamiento de candidatos comienza su desfile.

La declaración de Cano no solo trajo malestar en agrupaciones radicales, sino que el descontento se acentuó con la ausencia de Gustavo Mena en el último timbreo de Cambiemos, una falta de tacto que resulta inconcebible en la liturgia de la alianza de gobierno.

Este faltazo hizo estallar el enojo del radicalismo, pero también reveló nuevamente cómo el diputado -que empieza a recibir duros cuestionamientos públicos y periodísticos por sus decisiones legislativas y escasa empatía social– responde en sus movimientos a las instrucciones del exiliado Mario Cimadevilla, enfrentado actualmente al ministro Garavano pero aliado a la inestable Elisa Carrió.

Parece que el núcleo duro del PRO en CABA está devolviéndole al radicalismo en general y a Cimadevilla en particular su negativa a participar en este avance prominero sostenido a rajatabla por Aranguren con la venia de Macri; de ahí que comience el proceso de exclusión de cualquier candidato radical para la próxima elección a gobernador.

 

Las opciones

 

Las opciones que maneja Frigerio serían únicamente las de Sastre y Arcioni, quien renunciaría en los próximos días al ChuSoTo para pintarse definitivamente de amarillo, ya desahuciado por el posdasnevismo que lidera Raquel Di Perna.

La guerra fría entre radicales, el PRO y algunos náufragos del chusotismo vino para quedarse, en una provincia absolutamente cuestionada por el gobierno nacional (incluyendo sus tentáculos mediáticos) y atravesada por una crisis sin precedentes que trajo una parálisis total en el desarrollo de los servicios públicos básicos, tales como salud y educación.

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