Por María Inés Alvarado*

Trabajar en las aulas temas relacionados con los discursos de odio en los medios de comunicación es un tema que urge. Los medios violentan constantemente con mensajes que discriminan, promueven falta de empatía, generan desinformación y alimentan las diferencias ideológicas y los prejuicios entre las personas, acrecentando la brecha que existe entre los grupos sociales y el avance de los anti derechos.

En el marco general del diseño curricular de la orientación en comunicación para el nivel medio de la Provincia de Buenos Aires, se define a la comunicación no “como un mero y único fenómeno de intercambio de mensajes, sino que debe ser abordada como productora de sentido cultural, en el marco de las interacciones sociales” Así mismo, y alejada de la perspectiva instrumental que acompaña la ideología neoliberal, que se centra de manera reduccionista en los medios y en los mensajes, tendientes a la acumulación y al consumo, “pretende centrar la atención (…) en la construcción comunicativa de la realidad social y al encuentro y al aprendizaje entre diferentes”.

En los Marcos de Referencia para la Secundaria Orientada del Bachiller en Comunicación descriptos por el Consejo Federal de Educación en 2011, se hace mención entre otras, a la importancia de trabajar en las aulas temáticas significativas en el vínculo entre la comunicación y la cultura; el lugar de la publicidad; las relaciones entre medios y sociedad y política; los medios y el mercado; así como también enfatiza la condición de las juventudes como productores de sentidos, para su conformación como ciudadanos y ciudadanas.

No es necesario recurrir a la lectura de estas normativas para entender que el mundo está en transformación acelerada y que la revolución tecnológica ha desarrollado un importante cambio en la noción de lo que se entiende por “información” dado que los nuevos lenguajes que emergen de los medios, promueven una mezcla, a veces sutil, de los valores, los prejuicios y los intereses. Los medios intervienen sobre las acciones cotidianas, persuaden e influyen en los hábitos e ideas que aceptamos como “normalidad”, muestran y recrean estereotipos sociales que las y los adolescentes copian o desean, ya que pasan muchas horas de su vida consumiendo discursos de los medios. Dentro de estos aparecen mensajes que muestran cómo comportarse varones y mujeres; cómo y qué pensar, transformándose en el gran agente socializador. Sus discursos son tenidos en cuenta como verdades absolutas, definiendo normas de conducta y comportamiento social y ocupando el lugar de transmisión de saberes y valores, visibilizando esas problemáticas sociales que, muchas veces, la escuela evade.

Si desde las escuelas se reprime la sexualidad al ámbito de “lo privado” la muestran públicamente en los medios masivos de comunicación, la producción de subjetividad queda en manos de los medios y no de las instituciones escolares. Considerando, además, que la comunicación puede ser útil como herramienta de socialización, se torna imprescindible que las instituciones educativas generen espacios donde niñeces y adolescencias encuentren un lugar para expresarse donde hablar de sexualidad en confianza, incentivando el diálogo y el debate como parte de su derecho a la escucha, para poder derribar mitos, prejuicios y acciones discriminatorias.

En los últimos días, sectores anti derechos han ido avanzando y ocupando lugares clave en los medios de difusión, avasallando derechos, insultando y generando discursos de odio. Desconocen leyes clave para el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado de las diversidades, olvidan la importancia de promover y proteger a las mujeres en situación de violencia de género, justifican actos que difaman y humillan al colectivo LGBTIQ+. Por eso se hace indispensable, desde los espacios ESI, trabajar conceptos como misoginia, prejuicios, estereotipos, sexismo, violencia simbólica en los titulares y dichos de “periodistas estrellas”, analizando cada término en función de promover una ciudadanía crítica, de incluir la perspectiva de género y respetando el derecho de cada persona a vivir una vida libre de violencias.

Como educadores, debemos dejar entrar en el ámbito privado de las aulas esos discursos públicos de los medios de comunicación para promover acciones que terminen con la discriminación, la misoginia y las violencias. Si no promovemos una educación que ayude a mirar la realidad desde esta perspectiva, la violencia simbólica, de la mano de los anti derechos, seguirá avanzando en la sociedad.

(*) Docente, comunicadora. Co-directora de La ESI en juego.
Columnista de Diario Digital Femenino– De ESI Sí Se Habla

Fuente: P12

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