Por Carlos Sebastián Núñez

El 26 de junio la ONU conmemoró el día Internacional de la “Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas”. Particularmente el término lucha nos lleva a pensar que el problema se entabla en términos de una batalla, uno puede imaginar un campo con trincheras, o un campo de batalla medieval, en donde se tiene al enemigo bien identificado, con otro color de uniforme, y en esa identificación con una insignia o un estandarte, es fácilmente diferenciable de nosotros. Guerra es el término introducido el 17 de junio de 1971, por Richard Nixon, en referencia a cómo pensaba atacar el problema del consumo de sustancias. Política que se extendería a nivel global durante casi 40 años.  Pero la metáfora bélica nos aleja e invisibiliza del verdadero problema.

Otra guerra que se llevó a cabo casi un siglo antes, entre 1839 a 1860 conocida como “la guerra del opio” entre China y Gran Bretaña, cuya causa fue el intento británico de equilibrar la balanza comercial a partir de introducir en China, el derivado de la adormidera como una mercancía. Acción que incrementó el consumo, el cual hasta ese momento no había causado los estragos que se dieron luego. 

En este cambio de estatuto de la droga; que comienza a ser ubicada ya no sólo como un bien de uso, sino en su faz de bien de cambio, que le da un nuevo lugar, desde el cual, podemos comenzar a pensar el lado más peligroso del objeto droga.

Para la OMS una droga es toda sustancia que, al ser ingerida (por diversas vías), provoca en el sistema nervioso, modificaciones que hacen que la persona, vea, piense y/o se sienta de manera diferente. Hace un par de años, durante una capacitación, de un psicoanalista local escuché la mejor definición al respecto al decir que “la droga es la mercancía perfecta”. Lo es en tanto que luego de consumida, la droga no deja nada en el sujeto, es evanescente.

¡Qué mejor mercancía que aquella que desaparece al consumirse! donde la diferencia entre el bien de cambio y el bien de uso es abismal; sólo queda una fugaz alteración de los sentidos, placentera la más de las veces (no siempre) y que resulta en el usuario un intento reiterativo de alcanzar, en forma compulsiva, esa plenitud alucinatoria de formula química.

El problema estará entonces en el consumo, palabra interesante, la cual toma un nuevo valor desde mediados de siglo XX, precisamente cuando el consumo de sustancias comenzó un incremento, y que hoy poco se puede predecir cuáles serán sus límites.

Es también en este particular modelo de consumo de la droga, que se intenta transpolar a otros bienes; como son, por tomar un ejemplo, los gadgetes tecnológicos (celulares, tablets etc.) donde, salvando las distancias, cada vez su caducidad se acelera en los tiempos, y se convierten en su virtualidad, obsoletos antes de terminar de pagar las cuotas con que se compraron. Donde los mercados y gobiernos se agitan temerosos cuando hay indicadores de una probable baja del consumo de bienes, y que rápidamente las políticas que se aplican en todo el planeta apuntan siempre a incentivarlo.

¿Cómo será posible diferenciar entonces un consumo debido de uno indebido? ¿Cómo dejar de morder el señuelo sobre los objetos? cuando una computadora será la que me de la felicidad de conectarme con los que quiero, y en la práctica resulta lo contrario; o cuando una compañía de celulares vende, no un servicio de telefonía, sino el ser Ilimitado.

No es un pensamiento nostálgico, no es un elogio a las heladeras Siam, esas que pasaban de abuelos a nietos. Por el contrario, bienvenida sea la tecnología, pero no sin un espíritu crítico de preguntarnos ¿desde dónde quieren vender ese objeto? Que siempre es desde el lugar de lo que me falta, y eso que falta, eso que no tengo será completado por una mercancía. Es el señuelo que mordemos todos los días.

Pero para copia no hay mejor que la original, allí donde el gadget fracasará, estará la droga. Están las que espabilan, las que relajan, las que permiten rendir más allá de los límites de mi cuerpo, las que concentran, las que tranquilizan a los niños, etc. En esto no hay diferencias entre drogas legales e ilegales, es más bien, un saber de farmacopea.

Pero principalmente, la droga, es una forma de lidiar con los avatares de la vida, como el método “más tosco y más eficaz” como lo caracteriza Freud. Es decir, de menor elaboración psíquica y una inexorable capacidad de producir placer y satisfacción alucinatoria. Fórmula que desembocará, en que, a través de la droga, se consigue lo que la vida deniega. Y fundamentalmente, sin tener que lidiar con el otro, el seméjate; del cual poco a poco voy prescindiendo. En esta fórmula está su lado más peligroso, el que atenta directamente contra el lazo social, es decir, ir en contra de la particularidad que nos hace Humanos.

Es muy difícil pensar estrategias de prevención, cuando quien manda es el mercado. Y cuando la droga aparece como un objeto entre otros a ser consumido. El problema de las drogas está enmarcado en cómo la época consume. Y pensar la Lucha contra las drogas nos hace creer que el consumo no está en nosotros.

Lic. C. Sebastián Núñez

Psicólogo UNLP

MP0596 MN46150

casenuz@gmail.com

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *