Por Guillermo Tenorio*

El pasado lunes experimentamos una de las peores pesadillas para muchos. La caída por varias horas de las plataformas de Facebook, Instagram y WhatsApp significó no sólo un aislamiento virtual, sino que tuvo repercusiones que ya se calculan en millones de dólares en materia comercial. Ha llamado poderosamente la atención que la caída se da luego de la revelación de miles de documentos que acusaron a la plataforma digital de privilegiar su rentabilidad por encima del daño causado y sabido a miles de menores y adolescentes que utilizan sus servicios.

Estos hechos deberán alertarnos nuevamente sobre la profunda dependencia que en el mundo se tiene a estas plataformas. Es innegable como cualquier otra tecnología, los beneficios que las han acompañado, pero de manera desafortunada nos han evidenciado que la utilización de la información no siempre ha corrido de la mano del bienestar social, pero sí de la utilidad corporativa. La batalla que se libra en el Senado de los Estados Unidos en conjunto con la caída de estas plataformas ha puesto de relieve lo que todos ya veíamos, una sola compañía gigantesca controla una parte importante de nuestra vida social y ello no es poca cosa.

Sin lugar a dudas estos acontecimientos deberán suponer para todos nosotros varios aprendizajes que se traducen en acciones concretas respecto al depósito de nuestros datos, conexiones, conversaciones e información, es decir que no será la última vez en la cual se presenten este tipo de “apagones digitales” o investigaciones profundas que muestren los alcances y consecuencias que están teniendo estas plataformas en nuestro comportamiento cotidiano decantando en prohibiciones de operación.

Estos aprendizajes están ligados a lo que se conoce ya en el mundo como “inteligencia digital”, la cual se presenta como una manera adecuada, prudente y ponderada de relacionarse con y en los entornos digitales. En ese sentido, los acontecimientos sucedidos han puesto en evidencia la seria adicción y dependencia que los seres humanos tenemos a las plataformas digitales especialmente a las sociales creando, en términos del filósofo coreano Byung Chul-Han, el llamado panóptico digital, el cual genera un cierto espacio de bienestar y conformidad cuando nos volvemos vigilantes permanentes de lo que realiza nuestra red de contactos. Un placer que deviene de una especie de voyeurismo digital. Es ahí donde la llamada inteligencia digital debe despertar haciéndonos entender y poner en práctica una sana distancia de lo virtual que vuelva a conectarnos con lo real. Bastaron cinco horas de descanso digital para volver a llamarnos por teléfono o rescatar nuestros recuerdos puestos en formatos físicos.

Al igual que sucede con la ponderación del tiempo que pasamos frente al mundo virtual, la inteligencia digital nos debe alertar sobre el cuidado de nuestra privacidad. Los caminos de las plataformas digitales sociales en los últimos 10 años nos deben aleccionar sobre el control de los espacios de nuestra intimidad que queremos que el mundo conozca pues dicha decisión es propia. Los últimos años hemos acusado a las redes sociales de los peores tratamientos de nuestra privacidad, pero hemos dejado fuera de dicha responsabilidad a nosotros mismos. Invito al lector para que realice este análisis de manera personal y se responda sobre cuanta información de su vida privada ha depositado voluntariamente en estas plataformas. Con la información que tenemos sobre ellas en torno al abuso que realizan de nuestros datos personales hoy a lo mejor el apagón lo tendríamos que estar llevando a cabo los usuarios de las mismas.

Con todo ello cobra sentido nuevamente que se abra el debate sobre el papel que juegan los gigantes de la tecnología respecto a la dependencia creada en todos los ambientes sociales y sobre todo si la propia auto regulación es suficiente para ofrecer mejores entornos de relacionamiento con ellas y dentro de ellas. En tanto ello no ocurra trabajemos activamente en el desarrollo adecuado de la llamada inteligencia digital que nos permite a nosotros de manera personal tomar el control de nuestra información.

* Guillermo Tenorio es Doctor en Derecho. Actualmente es director de la Licenciatura en Gobierno en la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana. Es integrantes del Sistema Nacional del investigadores de México. Preside la Asociación Coorperación Iberoamericana de Transparencia y Acceso a la Información. Autor, coautor y coordinador de 15 libros en materia de libertades informativas.

Fuente: El Economista

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