Por Enrique Amestoy

Podemos definir decolonialidad como las opciones de los pueblos para enfrentar y desvincularse de la matriz colonial de poder. Soberanía como la capacidad de tomar decisiones sin ninguna injerencia externa.

Soberanía Alimentaria como derecho de los pueblos a elegir cultivos y alimentación. Soberanía Energética como la capacidad de los pueblos de elegir como generar y consumir energía. ¿Y Soberanía Tecnológica? ¿Cómo los pueblos pueden desvincularse de la matriz colonial del poder y eligir soberanamente sus formas de comunicarse, generar, elegir y utilizar sus propias plataformas sociales o fabricar sus propias semillas?

Barack Obama, a poco de llegar a la Casa Blanca, recibía en octubre del 2009 el Premio Nobel de la Paz. Para fines de ese año había incrementado las tropas en Afganistán hasta 100.000 soldados. Mientras los medios nos mostraban al “hombre de paz”, Obama pasó a la historia por haber sido el presidente con mas guerras activas durante su mandato. Con ayuda de los medios y el apoyo de las redes sociales digitales, nos mostraban un “hombre de paz” a quien la historia recordará como el que mas guerras activas mantuvo. ¡El poder y control imperial sobre las herramientas comunicacionales, con las grandes corporaciones a su servicio!

Walter Mignolo, semiólogo argentino y figura central en el pensamiento decolonial, define decolonialismo como las «opciones analíticas y prácticas que se enfrentan y se desvinculan de la matriz colonial del poder». ¿Cuáles son las cadenas que debemos romper de cara a lograr una real desvinculación del poder hegemónico internacional?

En materia de alimentación, desde los años 90 e impulsado por la Via Campesina, comenzamos a caminar de cara a la soberanía. Comenzamos a entender que no podemos comprar semilla de Monsanto-Bayer (que en caso de que nos enfermen, habrá una píldora para “curarnos”), a visualizar la importancia de tener nuestras propias semillas y sobre todo la de poder elegir qué cultivamos y como nos alimentamos, de forma soberana.

Veamos esta pregunta: ¿Por qué es simple comprenda la importancia de definir políticas de alimentación, salud, educación o seguridad, pero es tan difícil que la Soberanía Tecnológica logre entrar en la agenda de pueblos, organizaciones y tomadores gubernamentales de decisión?

Mientras nos distraían con el Premio Nobel de la Paz de Obama, EEUU mataban a miles de personas en distintos puntos del mundo así como controlaban territorios que, por su valor geopolítico estratégico (petróleo, agua, etc), eran vitales para mantener su supremacía. De la misma forma nos distrae con avances impresionantes en China, mientras ellos avanzan de forma alarmante en Africa tras recursos energéticos y agrícolas. China destina un tercio de la inversión al sector minero: cobalto, coltán (vital para la fabricación de dispositivos tecnológicos), diamantes u oro. En América China, Estados Unidos, Reino Unido o Canadá se disputan el control de las resevas de litio (indispensable para la fabricación de baterías de vehículos). Entre Argentina, Bolivia y Chile se encuentra mas del 60% de las reservas de este mineral a nivel mundial. Nos distraen generando conflictos de baja intensidad.

Estamos en las nubes

Hemos naturalizado el uso de “la nube” con Google, Apple, Facebook, Amazon o Microsoft. ¿Qué es la nube sino el disco duro de computadoras de gigantes tecnológicos? ¿Somos conscientes de que TODAS las comunicaciones de América pasan por EEUU (Hub de las Américas en la Florida), y son controladas por EEUU, empresas como Facebook, Microsoft o Twitter? ¿Y que los cables de fibra óptica que permiten que el mundo entero esté conectado, están en manos de enormes corporaciones? ¿Qué hay sobre el control del acceso a las comunicacines, que incluye Internet, por gigantes como Claro o Telefónica? El imperialismo digital nos regala el placebo de tener “todo a la mano y en la nube” mientras nos controla, cambia nuestros hábitos y conductas de información y comunicación y almacena para si mismo, para los gobiernos imperiales o “al mejor postor”, millones de datos de cada uno de nosotros. Almacena nuestros gustos, hábitos de consumo, datos personales, por donde nos movemos, cuando dormimos o cuando somos un “peligro potencial” por lograr detectar estados de ánimo; no solo en textos sino en fotos, o gestos que almacenan desde las cámaras de nuestros dispositivos o las instaladas “para darnos seguridad” en la calle, centros comerciales o centros educativos. Al igual que nos distrajeron con el Nobel de la Paz para por detrás invadir, matar y conquista, mientras continuamos usando nuestros computadores con las herramientas de Google, Apple, Facebook, Amazon o Microsoft por las “hermosas bondades” que nos brindan, por detrás han logrado el mayor control social a nivel global en la historia de la humanidad.

¿Estamos a tiempo de revertirlo? Mignolo tal vez diría que debemos generar opciones analíticas y prácticas para lograr el decolonialismo digital. La capa mas compleja tal vez sea la de interconexión, la de las fibras que unen el mundo. Pero podemos comenzar a poner “la nube” en computadoras controladas y gestionadas por pueblos y organizaciones así como también podemos avanzar en otra capa que es aún mas sencilla de implementar: la del software.Mudar los programas que utilizamos a diario por similares que nos garanticen soberanía e independencia tanto de gobiernos como de corporaciones. ¡Estamos a tiempo, si!

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