Por Matías Ferrari

El 26 de junio de 2002, Patricio Escobar tuvo que rendir un final. Cursaba las últimas materias de la carrera de Ciencias de Comunicación de la UBA. Tenía, también, una militancia en una de las asambleas autoconvocadas que en aquel entonces florecían en cada barrio. La suya era la del Parque Lezama. Se enteró esa misma tarde, en los pasillos de la facultad, que la Policía había asesinado a dos piqueteros. Recién un año más tarde cobraría fuerza la idea de hacer un documental sobre los hechos, que le llevaría tres años, y el resultado fue el estreno en 2006, junto a Damián Finvarb, de “La Crisis Causó Dos Nuevas Muertes”, quizás uno de los documentales más formativos sobre la relación entre la política y los medios para varias generaciones de militantes como él. Patricio recuerda que lo filmó con bronca, que a medida que iba recogiendo testimonios y reconstruyendo la masacre del Puente Pueyrredón fue creciendo su voluntad, también, de hacer justicia. Tanto con la historia de lucha de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán como respecto a los responsables políticos de esas muertes. Hace pocos días declaró en Comodoro Py como testigo en la causa que investiga el asesinato de ambos militantes.

“Me enteré que la fiscala (Paloma Ochoa) ni siquiera lo vio”, ironiza en diálogo con El Grito del Sur. Para persistir en esa búsqueda de esclarecer los hechos que inauguró con “La Crisis…”, Patricio va por más: este sábado a la noche, desde la misma escena del crimen —la Estación Avellaneda— estrenó un adelanto en formato corto de una nueva película en la que está trabajando, a través de la cual hizo varias tareas que la Justicia no. Por ejemplo: entrevistar al entonces gobernador bonaerense, Felipe Solá. Patricio le puso una cámara enfrente, igual que lo hizo hace dos años, también, con el expresidente Eduardo Duhalde.

“Solá dice que fue engañado por la Policía sobre la versión de los hechos. Duhalde también se desentiende. Yo no les creo, pero si fuese así, no entiendo cómo puede ser que tipos así sigan formando parte de la política, con cargos, candidaturas, con total impunidad…”, dice Escobar.

Se cumplen 20 años de la Masacre y sólo fueron condenados los autores materiales. ¿Por qué es necesario avanzar sobre la responsabilidad penal de las autoridades políticas de aquel entonces?

Porque la mayoría, insólitamente, sigue haciendo política como si nada hubiera pasado. En su momento hubo cierta condena social, pero todo sigue como si nada. Que Aníbal Fernández, uno de los que utilizó supuestos informes de inteligencia sobre las organizaciones para decir que se habían matado entre ellos hoy sea ministro, como lo fue en varios otros cargos a lo largo de estos años, es una tomada de pelo para las familias de Darío y Maxi pero también para toda la sociedad. Lo mismo cuenta para Felipe Solá y Eduardo Duhalde. Al expresidente lo entrevistamos con Alejandro Bercovich para el documental (“Diciembre”) por los 20 años del 2001 y reconoce que tuvo presiones del poder real para contener el conflicto social y ordenó detenerlo. En el caso de Solá, dice que fue engañado por la Policía sobre la versión de los hechos, que no sabía nada. Nos dijo eso frente a cámara y es algo de lo que se va a ver en la segunda película, en la que todavía estamos trabajando.

 “La Crisis…” ya había mostrado varios indicios de las responsabilidades políticas, desde la carta abierta que tuvo la Bonaerense para reprimir con plomo hasta todo el entramado discursivo a posteriori. ¿Por qué es necesario una nueva película, qué busca?

Tal cual. Imaginate la impunidad que tenía la Policía que matan al lado de una cámara que los está filmando. Todo eso está muy claro en “La Crisis…”. Pero, aunque suene increíble, la propia fiscala (Paloma Ochoa) de la causa que investiga las responsabilidades políticas, en la que declaramos con Berco, no la vio. Lo que presentamos este sábado es un corto de media hora, un avance del largo que estamos proyectando si conseguimos financiación y que aporta nuevas evidencias. Lo hacemos con una voluntad militante. Lo que buscamos es confirmar en boca de los responsables políticos, cuyo testimonio tenemos ante cámara, que la represión fue armada, organizada, por los gobiernos nacional y provincial de aquel entonces. Porque fue un plan. A Franchiotti y Acosta, los autores materiales, les soltaron la mano y quedaron en cana, pero son parte de un pacto de silencio. Alguien dio la orden, buscaban muertos y frenar el conflicto social. Duhalde mismo lo reconoce, insisto.

Nombraste los informes de inteligencia en boca de Aníbal Fernández. ¿Es una casualidad que la SIDE haya estado implicada en los grandes casos todavía impunes, desde la Masacre de Avellaneda hasta la voladura de la AMIA?

Estuvo metida la SIDE también en la masacre. Mandaron a espiar una asamblea en Avellaneda, a la que por otra parte podía ir cualquiera porque era pública, que fue unos días antes del corte, en la que se planificó la medida. En base a eso después salían a decir que eran violentos, de la toma del poder y todas esas pavadas que después publicaban los medios. Lo que demuestra que además no sirven para nada, que no entienden de nada, menos del movimiento piquetero. Hay un informe que lo tiene la Justicia, que no quieren entregar, que está firmado por Soria, entonces titular de la SIDE, que trata sobre esa misma reunión y que también menciona Fernández.

Un tema central de “La Crisis…” es el rol de los medios, casi todos funcionales a Duhalde en aquel momento. Tampoco parece haber cambiado mucho, sobre todo en cómo se refieren a los movimientos sociales.  

Mostramos cómo los medios negocian con el poder. En el caso de la masacre quedó muy claro. Julio Blanck (exjefe de redacción de Clarín) nos mintió en la cara, pero quedó expuesta la vergüenza de esa tapa que le dio título al documental. Pero también, gracias a muchos periodistas, trabajadores de prensa de esos mismos medios, fue posible reconstruir lo que pasó y se conoció la verdad. Las fotos y las crónicas fueron fundamentales. Los medios siguen hoy igual que hace 20 años, no parece que vaya a cambiar.

Desde aquel Movimiento Piquetero de fines de los 90 y principios de los 2000 a los de hoy, ¿qué cambios importantes notaste en su conformación?

Hoy está bastante dividido y fragmentado. Muchos no lo deben recordar, pero en los 2000 el movimiento piquetero era una gran unidad, había alguna que otra diferencia quizás, por ejemplo (Luis) D`Elía ya estaba más cerca del peronismo, pero era una gran masa de desocupados, sin estructura económica, que se organizaba pura y exclusivamente por la necesidad de los barrios, desde la basura misma. También había un hartazgo muy grande con la política. Se cantaba «Que se vayan todos» y en el Puente se cantaba “Andate Duhalde”. En términos sociales, se respiraba que la salida era por izquierda, no como ahora que proliferan discursos de extrema derecha, que en aquella época hubieran generado un repudio generalizado. Otra diferencia es que nadie estaba pensando en votos. Había dos palabritas que hoy parecen perdidas: cambio social.

El asesinato de Darío se produce cuando él vuelve a auxiliar a Maxi, que se desangraba. Hay ahí un gesto de compañerismo que visto hoy sigue conmoviendo. ¿Qué te pasa a vos cuando volvés a ver esas imágenes?

Me sigue conmoviendo como a todos. Sigo sintiendo también la misma bronca, la misma indignación que iba teniendo a medida que avanzábamos en el documental. Lo mataron por la espalda, a sangre fría, cuando intentaba escapar luego de haber vuelto a socorrer a un compañero. El de Darío fue un acto de solidaridad que hoy no existe, que muy pocos tienen.

Fuente: El Grito del Sur

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