El Ministro de Energía y Minería de la Nación, Juan José Aranguren tuvo un fugaz paso por la provincia de Chubut. No obstante, tuvo tiempo para percibir la dimensión real del rechazo que tiene la sociedad con la megaminería.

El ministro sufrió en su propia carne el descontento porque no esperaba encontrarse con tamaña resistencia: gente en las calles, represiones en una iglesia, manifestaciones en prácticamente todas las ciudades de la provincia y políticos dubitativos ante el costo político que significó asistir a la cumbre.

Al macrismo suele sucederle eso: mantiene un prisma concentrado en el microcentro de CABA, su territorio sagrado, desconociendo eso que llaman despectivamente “interior” e intentando manejarlo a control remoto y sin aportar demasiados recursos.

Aranguren arribó a la provincia y fue recibido en la intimidad por Mario Cimadevilla, quien le hizo (luego de finalizada la cumbre) un asado en su casa; con la presencia, entre otros, de “Nano” Álvarez Raso y Gustavo Mena.

Sin embargo, Cimadevilla, rápido de reflejos, y sabiendo el costo político que asumía al mostrarse al lado de Aranguren, publicó un tuit que hizo enojar mucho al súper ministro de Energía. El tuit decía: ayer autoridades y dirigentes de la UCR recibimos a Aranguren y ratificamos nuestra posición contra megaminería a cielo abierto y contaminante.

El ministro, furioso, esperaba contar con todo el apoyo incondicional del radicalismo, pero el partido centenario se encargó de mostrarle sus diferencias.

Fue un paso en falso, no solo de Aranguren, sino también de sus “aliados” empresarios, especialmente Pan American Silver.

Creyeron desde Buenos Aires que la penetración del “negocio” minero para dar “riqueza” a los “pobres sureños” iba a ser una cuestión sencilla, simple. No solo no lo fue, sino que el ministro omnipotente habituado a sus tiempos como CEO de Shell sintió en carne viva el descontento generalizado y el grito unánime en las calles rechazando cualquier tipo de proyecto minero.

Habrá que ver qué tipo de “excusas” pondrá en la Casa Rosada, cuando tenga que explicarle a su jefe que Chubut es el epicentro de la antiminería y que la resistencia, lejos de retraerse, es cada vez más grande.

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